Extiendo las manos hacia adelante y empiezo a caminar con los ojos cerrados dejándome guiar por tu voz suave. Corriges mi trayectoria con un susurro afrutado de chicle de fresa y se me eriza la piel. Entiendo que hemos llegado al final del pasillo porque me detienes. No me cabe la ansiedad en el cuerpo …
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