En noches sin luna -ciegas e indolentes- no logro reunir los restos inciertos de tu amor esparcidos en el vacío por tu azarosa ausencia -yendo y viniendo- silbando el vals del olvido.
Y entonces busco en el mutismo del cielo una mínima señal que me acerque a la última huella del prisma de mi estrella cuando a mi piel le duele demasiado el temor de seguir amándote.
Mi rebelada alma -que no quiere morir de tristeza- burla el miedo y la soledad volviendo al lugar que inventamos con claros y oscur