Solo di te amo
01/07/2019
1901079545333

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Soy Gabriela Marie Cayoux, la menor de cuatro hermanos. Te contaré cómo saqué adelante el negocio familiar a pesar de todas las predicciones negativas y oposiciones de quienes estaban muy interesados en que fallara.
Mis padres y mis abuelos fundaron un pequeño hotel a orillas de Playa Dorada, en Puerto Plata (República Dominicana). Una isla caribeña situada entre Puerto Rico, Jamaica y Cuba, o mejor aún, como diría nuestro extinto poeta Pedro Mir:
«Hay un país en el mundo
colocado
en el mismo trayecto del sol.
Oriundo de la noche.
Colocado
en un inverosímil archipiélago
de azúcar y de alcohol».
Mi naturaleza es perseverante, soy de esas personas que cuanto más le dicen que no se puede, más ve las posibilidades por doquier. Mi padre siempre me dice: «Gabi, si no eres capaz de soñar, nunca necesitarás tener alas, pero si no tienes alas, no habrá meta que puedas alcanzar». Y eso, justo eso, les cae como una patada a Elías y Erika, mis hermanos mayores, que además son mellizos. En cambio, a Rodrigo, el tercero en la línea, le da igual, es de los que va donde el viento le lleve, su mundo se centra en las fiestas y las novias de paso, y su sueño es el de ser un disc jockey de fama mundial. Como soy digna hija de mi padre, siempre tengo una meta que alcanzar, por lo tanto, siempre tengo mis alas listas para el despegue y volar hasta alcanzar mis sueños.
Mis padres son de ese tipo de matrimonios que se mantienen en la etapa del noviazgo y reconozco que les va de maravilla. Es un estado que se me hace difícil porque soy desenfadada, atrevida y enamoradiza... ¿vale lo de enamoradiza?, bueno, no sé, creo más bien me parezco a Rodrigo, aunque no tan pica flor. En toda mi vida he tenido solo dos intereses sentimentales. El primero fue, por supuesto, el típico noviecito de la escuela, un romance puro que transcurrió durante los últimos dos años del bachillerato, con el capitán del equipo de baloncesto, cómo no, nunca pasamos de besos y algunas caricias subidas de tono, aunque él me manifestaba sus ganas de ir más allá, la verdad es que yo aún no estaba lista para dar el siguiente paso, a pesar de que él insistía cada día en que teníamos que hacerlo, que de lo contrario lo haría con otra y me dejaría por sonsa, cosa que finalmente hizo con una compañera y rival de la escuela. Tiempo después se corrió el rumor de que él había llorado desconsoladamente después de hacerlo con ella.
Hace un año estuve saliendo con un pintor de Santo Domingo, se había establecido en el pueblo buscando luz. La relación duró cinco meses, no estoy hecha para conflictos existencialistas. Con él descubrí las relaciones sexuales y realmente, que de decepcionada. La verdad es que siempre tuve la sensación de que faltaba algo, o quizás soy yo. Tengo claras mis metas e involucrarme sentimentalmente en este momento no forma parte esencial de mi plan de vida, sí claro que me divierto y he tenido mis relaciones pasajeras, nada serio ni comprometedor, soy joven y me gusta el sexo, pero cuando se trata de mi familia y del negocio familiar, mi vida personal pasa a un último plano.
El hotel Cayoux es nuestro negocio familiar, está atravesando dificultades financieras y eso me tiene obsesionada, estoy empeñada en sacar adelante nuestro patrimonio y vivo con la convicción de que puedo hacerlo, no me cabe duda. Cuando recién cumplí los quince años tuve una idea sensacional y sacamos el negocio de un bache, hoy el bache y la caída es de dimensiones garrafales. Si mi hermano Elías dejara de insistir tanto en vender, seguro que yo conseguiría que saliéramos del atolladero, aunque todo depende de que consiga encontrar a Sebastián Martinelli, el gurú y magnate hotelero italiano que con su toque de «Midas» ha rescatado otros hoteles que estaban a punto de desaparecer. El problema es que conseguir hablar con el genio de la lámpara mágica dependerá de la benignidad de Ana, mi amiga de la infancia y de toda la vida. Hoy, con veintitrés años, seguimos tan unidas como a los cuatro, cuando nos conocimos en el jardín de infantes.

Literary: Other
amistad
sexo
playa dorada
diversión
musica
perico ripiao
merengue
sol
novela romántica
playa
resort & spa
caribe
folclore
república dominicana
trópico
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Nelly Migdalia Benzán Tavárez
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Title Solo di te amo
Soy Gabriela Marie Cayoux, la menor de cuatro hermanos. Te contaré cómo saqué adelante el negocio familiar a pesar de todas las predicciones negativas y oposiciones de quienes estaban muy interesados en que fallara.
Mis padres y mis abuelos fundaron un pequeño hotel a orillas de Playa Dorada, en Puerto Plata (República Dominicana). Una isla caribeña situada entre Puerto Rico, Jamaica y Cuba, o mejor aún, como diría nuestro extinto poeta Pedro Mir:
«Hay un país en el mundo
colocado
en el mismo trayecto del sol.
Oriundo de la noche.
Colocado
en un inverosímil archipiélago
de azúcar y de alcohol».
Mi naturaleza es perseverante, soy de esas personas que cuanto más le dicen que no se puede, más ve las posibilidades por doquier. Mi padre siempre me dice: «Gabi, si no eres capaz de soñar, nunca necesitarás tener alas, pero si no tienes alas, no habrá meta que puedas alcanzar». Y eso, justo eso, les cae como una patada a Elías y Erika, mis hermanos mayores, que además son mellizos. En cambio, a Rodrigo, el tercero en la línea, le da igual, es de los que va donde el viento le lleve, su mundo se centra en las fiestas y las novias de paso, y su sueño es el de ser un disc jockey de fama mundial. Como soy digna hija de mi padre, siempre tengo una meta que alcanzar, por lo tanto, siempre tengo mis alas listas para el despegue y volar hasta alcanzar mis sueños.
Mis padres son de ese tipo de matrimonios que se mantienen en la etapa del noviazgo y reconozco que les va de maravilla. Es un estado que se me hace difícil porque soy desenfadada, atrevida y enamoradiza... ¿vale lo de enamoradiza?, bueno, no sé, creo más bien me parezco a Rodrigo, aunque no tan pica flor. En toda mi vida he tenido solo dos intereses sentimentales. El primero fue, por supuesto, el típico noviecito de la escuela, un romance puro que transcurrió durante los últimos dos años del bachillerato, con el capitán del equipo de baloncesto, cómo no, nunca pasamos de besos y algunas caricias subidas de tono, aunque él me manifestaba sus ganas de ir más allá, la verdad es que yo aún no estaba lista para dar el siguiente paso, a pesar de que él insistía cada día en que teníamos que hacerlo, que de lo contrario lo haría con otra y me dejaría por sonsa, cosa que finalmente hizo con una compañera y rival de la escuela. Tiempo después se corrió el rumor de que él había llorado desconsoladamente después de hacerlo con ella.
Hace un año estuve saliendo con un pintor de Santo Domingo, se había establecido en el pueblo buscando luz. La relación duró cinco meses, no estoy hecha para conflictos existencialistas. Con él descubrí las relaciones sexuales y realmente, que de decepcionada. La verdad es que siempre tuve la sensación de que faltaba algo, o quizás soy yo. Tengo claras mis metas e involucrarme sentimentalmente en este momento no forma parte esencial de mi plan de vida, sí claro que me divierto y he tenido mis relaciones pasajeras, nada serio ni comprometedor, soy joven y me gusta el sexo, pero cuando se trata de mi familia y del negocio familiar, mi vida personal pasa a un último plano.
El hotel Cayoux es nuestro negocio familiar, está atravesando dificultades financieras y eso me tiene obsesionada, estoy empeñada en sacar adelante nuestro patrimonio y vivo con la convicción de que puedo hacerlo, no me cabe duda. Cuando recién cumplí los quince años tuve una idea sensacional y sacamos el negocio de un bache, hoy el bache y la caída es de dimensiones garrafales. Si mi hermano Elías dejara de insistir tanto en vender, seguro que yo conseguiría que saliéramos del atolladero, aunque todo depende de que consiga encontrar a Sebastián Martinelli, el gurú y magnate hotelero italiano que con su toque de «Midas» ha rescatado otros hoteles que estaban a punto de desaparecer. El problema es que conseguir hablar con el genio de la lámpara mágica dependerá de la benignidad de Ana, mi amiga de la infancia y de toda la vida. Hoy, con veintitrés años, seguimos tan unidas como a los cuatro, cuando nos conocimos en el jardín de infantes.
Work type Literary: Other
Tags amistad, sexo, playa dorada, diversión, musica, perico ripiao, merengue, sol, novela romántica, playa, resort & spa, caribe, folclore, república dominicana, trópico, isla, arena, amor, hotel

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Identifier 1901079545333
Entry date Jan 7, 2019, 12:07 AM UTC
License All rights reserved

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Author. Holder Nelly Migdalia Benzán Tavárez. Date Jan 7, 2019.


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