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FINAL 8
— ¡Resiste John, te sacaré de ahí! Te montaré en el coche y llegaremos a ese lugar. No te duermas, ahora no. ¡Despierta muchacho! Yo no quería que pasara esto. ¿Me escucha John? ¡Contéstame, por favor, contéstame!
William, alumbró con la linterna la cara del chico, sus ojos estaban abiertos sin pestañear. Un grueso hilo de sangre le salía de su boca, juntándose con el agua de la lluvia. Aquel maldito auto caravana había reventado al joven John. William, soltó la cabeza del muchacho y le cerró los ojos. Se puso al volante, y aceleró hasta sacar el vehículo de allí. Se volvió a bajar del auto y fue donde estaba el cuerpo del joven. Lo arrastró hasta sacarlo del agua. Se sentó junto a él. Hubo un silencio, un silencio que solo es provocado por la muerte.
William, permaneció sentado más de una hora, en aquella encharcada tierra y bajo la lluvia. Con el cuerpo sin vida de John entre sus brazos. La lluvia era una cortina de agua, la cual ya no le afectaba al desafortunado de John.
Los aullidos de Dawn, hicieron reaccionar a William, lo sacó del estado de shock. Él no quería que aquello hubiese ocurrido. No fue su culpa, se repetía en voz alta, una vez y otra vez.
— ¡Ha sido un accidente, John! ¡Debiste usar tus reflejos! Salir corriendo John, y quitarte del peligro.
William tomó el cuerpo en sus brazos, lo depositó con cuidado bajo un árbol, besó los labios del joven. Desabrochó su chaqueta y le sacó del bolsillo el dinero que llevaba. Se la volvió a cerrar y cubrió su cuerpo con una manta. Dawn, permanecía a su lado, de vez en cuando aullaba.
—Vamos Dawn, ya no podemos hacer nada por él —dijo William a la vez que levantaba sus rodillas del suelo, y se iba hacia el auto caravana. El perro siguió a su amo.
Puso el motor en marcha, y sin prisa se fue alejando de allí. Unas lágrimas se le derramaban. Dawn, llevaba su cabeza, entre el asiento del conductor y del copiloto.
— ¡Ay, Dawn! Ha sido una desgracia. Yo quería a ese muchacho. Yo, pensaba compartir mi fortuna con el joven John. Yo quería hacer de él, un hombre valiente, sobre todo, sin miedo a nada ni a nadie.
William permanecía al volante, conducía en silencio. De vez en cuando, se restregaba la cara con su mano, para quitarse las lágrimas y poder ver mejor la carretera.
Hacía un par de horas que había dejado de llover. Llegaba el alba y con ella una espesa niebla con ganas de nevar. Vio una pequeña luz a unos metros, a su izquierda, era una área de descanso. William, puso el intermitente y entró en ella. Lo primero que hizo, fue poner gasolina, luego aparcó en un rincón, donde no molestar y no ser molestado. Quería emborracharse, descansar y olvidar todo lo sucedido. Buscó en la maleta una botella de whisky, de las que le había quitado al viejo Eliot.
—Mi querido Dawn, no te alejes de mí, no quiero perderte a ti también. ¿Tú también necesitas un trago? Yo lo necesito más que el comer.
William le puso un chorreón de whisky en el plato del perro. Luego se sentó en el borde de la cama, con la botella y un vaso, el primero vaso de whisky, casi se lo tomó de un trago, el segundo lo fue tomando más lento.
Hubo un momento donde William, sentía que su vida no tenía sentido, se le había paralizado, lo que era aún peor, estaba viviendo una pesadilla espantosa en la realidad. Bebió hasta que el efecto del alcohol lo dejó rendido.
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Title 1 LOS ARCHIVOS DE LOS MUERTOS
FINAL 8
— ¡Resiste John, te sacaré de ahí! Te montaré en el coche y llegaremos a ese lugar. No te duermas, ahora no. ¡Despierta muchacho! Yo no quería que pasara esto. ¿Me escucha John? ¡Contéstame, por favor, contéstame!
William, alumbró con la linterna la cara del chico, sus ojos estaban abiertos sin pestañear. Un grueso hilo de sangre le salía de su boca, juntándose con el agua de la lluvia. Aquel maldito auto caravana había reventado al joven John. William, soltó la cabeza del muchacho y le cerró los ojos. Se puso al volante, y aceleró hasta sacar el vehículo de allí. Se volvió a bajar del auto y fue donde estaba el cuerpo del joven. Lo arrastró hasta sacarlo del agua. Se sentó junto a él. Hubo un silencio, un silencio que solo es provocado por la muerte.
William, permaneció sentado más de una hora, en aquella encharcada tierra y bajo la lluvia. Con el cuerpo sin vida de John entre sus brazos. La lluvia era una cortina de agua, la cual ya no le afectaba al desafortunado de John.
Los aullidos de Dawn, hicieron reaccionar a William, lo sacó del estado de shock. Él no quería que aquello hubiese ocurrido. No fue su culpa, se repetía en voz alta, una vez y otra vez.
— ¡Ha sido un accidente, John! ¡Debiste usar tus reflejos! Salir corriendo John, y quitarte del peligro.
William tomó el cuerpo en sus brazos, lo depositó con cuidado bajo un árbol, besó los labios del joven. Desabrochó su chaqueta y le sacó del bolsillo el dinero que llevaba. Se la volvió a cerrar y cubrió su cuerpo con una manta. Dawn, permanecía a su lado, de vez en cuando aullaba.
—Vamos Dawn, ya no podemos hacer nada por él —dijo William a la vez que levantaba sus rodillas del suelo, y se iba hacia el auto caravana. El perro siguió a su amo.
Puso el motor en marcha, y sin prisa se fue alejando de allí. Unas lágrimas se le derramaban. Dawn, llevaba su cabeza, entre el asiento del conductor y del copiloto.
— ¡Ay, Dawn! Ha sido una desgracia. Yo quería a ese muchacho. Yo, pensaba compartir mi fortuna con el joven John. Yo quería hacer de él, un hombre valiente, sobre todo, sin miedo a nada ni a nadie.
William permanecía al volante, conducía en silencio. De vez en cuando, se restregaba la cara con su mano, para quitarse las lágrimas y poder ver mejor la carretera.
Hacía un par de horas que había dejado de llover. Llegaba el alba y con ella una espesa niebla con ganas de nevar. Vio una pequeña luz a unos metros, a su izquierda, era una área de descanso. William, puso el intermitente y entró en ella. Lo primero que hizo, fue poner gasolina, luego aparcó en un rincón, donde no molestar y no ser molestado. Quería emborracharse, descansar y olvidar todo lo sucedido. Buscó en la maleta una botella de whisky, de las que le había quitado al viejo Eliot.
—Mi querido Dawn, no te alejes de mí, no quiero perderte a ti también. ¿Tú también necesitas un trago? Yo lo necesito más que el comer.
William le puso un chorreón de whisky en el plato del perro. Luego se sentó en el borde de la cama, con la botella y un vaso, el primero vaso de whisky, casi se lo tomó de un trago, el segundo lo fue tomando más lento.
Hubo un momento donde William, sentía que su vida no tenía sentido, se le había paralizado, lo que era aún peor, estaba viviendo una pesadilla espantosa en la realidad. Bebió hasta que el efecto del alcohol lo dejó rendido.
Work type Literary: Other
Tags cuentos, relatos, sonetos, antología poética, otros., fábulas
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Registry info in Safe Creative
Identifier 1901029502119
Entry date Jan 2, 2019, 5:34 PM UTC
License Creative Commons Attribution 4.0
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Copyright registered declarations
Author. Holder Lola Román Barea. Date Jan 2, 2019.
Information available at https://www.safecreative.org/work/1901029502119-1-los-archivos-de-los-muertos