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FINAL 7
Unas cuantas horas después, el perro lo despertó a lametazo. William se sentó en la cama; le dolía la cabeza y todo su cuerpo. Se restregó las manos por su cara, y por un buen rato estuvo meditando. Lo mejor que hacía era, no pensar en nada de lo sucedido. Porque si quería avanzar, lo mejor que podía hacer era olvidar por completo el pasado. Debía concentrarse en su objetivo, su meta. Por cierto, debería estar muy cerca del lugar, donde le esperaba su tesoro, el cual le cambiaría por completo su vida. Se puso de pie y se preparó un café. Abrió el mapa de Eliot y lo extendió en la mesa. Estaba cercan muy cerca para llegar a su destino. Con su dedo índice, fue recorriendo toda la línea ya marcada por el viejo Eliot. Llegó con su dedo al punto final, dejando el dedo recto en la pequeña cruz pintada con rotulador en rojo.
— ¡Aquí, Dawn, aquí está la finca del viejo escocés! Lord Eliot Round. En pocas horas, estaremos allí. Pero debemos tener máxima precaución. Después de todo lo que he vivido y sufrido, para llegar hasta aquí, no pienso meter la pata cometiendo un error, no voy a permitir que nos cojan y nos detengan. Así que mi querido Dawn, saldremos al anochecer. Estoy a punto de conseguir llegar a mi meta.
William puso el radio. Necesitaba saber el tiempo climático para la noche. Una voz femenina, advertía el fuerte temporal de nieve que se presentaría a lo largo de la tarde, empeorando con la llegar de la noche. Aconsejaba permanecer en sus casas. En caso que tuviesen que salir por una urgencia, tomaran la máxima precaución. Eran las tres y media, William quería salir sobre las cinco o seis, cuando la carretera estuviese solitaria. Se tomó una pastilla para su dolor de cabeza, se sentó en el pequeño sofá, se cubrió con una manta y recostó su cabeza en la mesa. Se quedó dormido.
El viento golpeaba los árboles, los cuales parecían vomitas sus ramas secas. Una de ella, cayó en el techo de la caravana, un tremendo ruido hizo al chocar con la chapa. William dio un salto de la cama, sus palpitaciones se aceleraron al escuchar el impacto. Se puso de pie y se acercó a la ventanilla. Apartó la pequeña cortina miró a través de ella. El panorama no pintaba bien. Ya oscurecía y nevaba con intensidad. Dawn, al ver a su dueño también se levantó de su acogedor rincón. Se acercó a su dueño, este lo acarició.
— ¿Tienes hambre Dawn? Prepararé algo de comer para ti y para mí. He dormido horas, un sueño reparador el cual me ha hecho muy bien.
— ¿Sabes una cosa mi fiel Dawn? Cuando nos hagamos con nuestro tesoro, voy hacer un cambio. Vestiré elegante, comeré como un rey, y seré quien manda y ordene en mis negocios. Todos me llamaran, Lord William Focter. Aré una verdadera metamorfosis en mi vida y en m misma persona. ¿Qué te pareces, Dawn, tú seguirás mis pasos? Nadie sospechará que un día fui un auténtico cabeza loca, y tú me vas a guardar mi secreto, ¿verdad que sí? Seré un caballero, elegante y cortes. Voy a llevar el título de Lord. Tengo que entrar en el círculo de los grandes, hay que dejar atrás el pasado; lo enterraremos.
Eran las ocho y media cuando William se puso al volante. Puso en marcha el motor y salió de su escondite. Empezó a conducir por aquella solitaria y peligrosa carretera. La conducción era lenta por la nieve caída. William tenía paciencia, lo último que deseaba era salirse de la estrecha carretera. El frío se estaba haciendo insoportable. De nuevo le empezó a doler todos sus huesos, la espalda y el pecho. Intentó poner la calefacción del auto; la cual volvió a dejar de funcionar. Recordó las palabras del doctor Amadeus: «La recaída de tu enfermedad, suele ser peligrosa» Cogió la manta que llevaba en el espaldar de su asiento, se la echó por los hombros. Eso le ayudaría a sobrellevar un poco el frío, el frío infernal que había fuera y dentro del auto caravana. William, llevaba apenas dos horas conduciendo, y sentía que sus músculos se les agarrotaban cada vez más. Pero no quería parar, ni encontraba un sitio adecuado donde detenerse. ¿Por qué se sentía tan mal? Se preguntaba William. Ya iba a llegar a su destino.
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Title 1 LOS ARCHIVOS DE LOS MUERTOS
FINAL 7
Unas cuantas horas después, el perro lo despertó a lametazo. William se sentó en la cama; le dolía la cabeza y todo su cuerpo. Se restregó las manos por su cara, y por un buen rato estuvo meditando. Lo mejor que hacía era, no pensar en nada de lo sucedido. Porque si quería avanzar, lo mejor que podía hacer era olvidar por completo el pasado. Debía concentrarse en su objetivo, su meta. Por cierto, debería estar muy cerca del lugar, donde le esperaba su tesoro, el cual le cambiaría por completo su vida. Se puso de pie y se preparó un café. Abrió el mapa de Eliot y lo extendió en la mesa. Estaba cercan muy cerca para llegar a su destino. Con su dedo índice, fue recorriendo toda la línea ya marcada por el viejo Eliot. Llegó con su dedo al punto final, dejando el dedo recto en la pequeña cruz pintada con rotulador en rojo.
— ¡Aquí, Dawn, aquí está la finca del viejo escocés! Lord Eliot Round. En pocas horas, estaremos allí. Pero debemos tener máxima precaución. Después de todo lo que he vivido y sufrido, para llegar hasta aquí, no pienso meter la pata cometiendo un error, no voy a permitir que nos cojan y nos detengan. Así que mi querido Dawn, saldremos al anochecer. Estoy a punto de conseguir llegar a mi meta.
William puso el radio. Necesitaba saber el tiempo climático para la noche. Una voz femenina, advertía el fuerte temporal de nieve que se presentaría a lo largo de la tarde, empeorando con la llegar de la noche. Aconsejaba permanecer en sus casas. En caso que tuviesen que salir por una urgencia, tomaran la máxima precaución. Eran las tres y media, William quería salir sobre las cinco o seis, cuando la carretera estuviese solitaria. Se tomó una pastilla para su dolor de cabeza, se sentó en el pequeño sofá, se cubrió con una manta y recostó su cabeza en la mesa. Se quedó dormido.
El viento golpeaba los árboles, los cuales parecían vomitas sus ramas secas. Una de ella, cayó en el techo de la caravana, un tremendo ruido hizo al chocar con la chapa. William dio un salto de la cama, sus palpitaciones se aceleraron al escuchar el impacto. Se puso de pie y se acercó a la ventanilla. Apartó la pequeña cortina miró a través de ella. El panorama no pintaba bien. Ya oscurecía y nevaba con intensidad. Dawn, al ver a su dueño también se levantó de su acogedor rincón. Se acercó a su dueño, este lo acarició.
— ¿Tienes hambre Dawn? Prepararé algo de comer para ti y para mí. He dormido horas, un sueño reparador el cual me ha hecho muy bien.
— ¿Sabes una cosa mi fiel Dawn? Cuando nos hagamos con nuestro tesoro, voy hacer un cambio. Vestiré elegante, comeré como un rey, y seré quien manda y ordene en mis negocios. Todos me llamaran, Lord William Focter. Aré una verdadera metamorfosis en mi vida y en m misma persona. ¿Qué te pareces, Dawn, tú seguirás mis pasos? Nadie sospechará que un día fui un auténtico cabeza loca, y tú me vas a guardar mi secreto, ¿verdad que sí? Seré un caballero, elegante y cortes. Voy a llevar el título de Lord. Tengo que entrar en el círculo de los grandes, hay que dejar atrás el pasado; lo enterraremos.
Eran las ocho y media cuando William se puso al volante. Puso en marcha el motor y salió de su escondite. Empezó a conducir por aquella solitaria y peligrosa carretera. La conducción era lenta por la nieve caída. William tenía paciencia, lo último que deseaba era salirse de la estrecha carretera. El frío se estaba haciendo insoportable. De nuevo le empezó a doler todos sus huesos, la espalda y el pecho. Intentó poner la calefacción del auto; la cual volvió a dejar de funcionar. Recordó las palabras del doctor Amadeus: «La recaída de tu enfermedad, suele ser peligrosa» Cogió la manta que llevaba en el espaldar de su asiento, se la echó por los hombros. Eso le ayudaría a sobrellevar un poco el frío, el frío infernal que había fuera y dentro del auto caravana. William, llevaba apenas dos horas conduciendo, y sentía que sus músculos se les agarrotaban cada vez más. Pero no quería parar, ni encontraba un sitio adecuado donde detenerse. ¿Por qué se sentía tan mal? Se preguntaba William. Ya iba a llegar a su destino.
Work type Literary: Other
Tags otros., sonetos, relatos, fábulas, antología poética, cuentos
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Registry info in Safe Creative
Identifier 1901029502072
Entry date Jan 2, 2019, 5:31 PM UTC
License Creative Commons Attribution 4.0
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Copyright registered declarations
Author. Holder Lola Román Barea. Date Jan 2, 2019.
Information available at https://www.safecreative.org/work/1901029502072-1-los-archivos-de-los-muertos