1 LOS ARCHIVOS DE LOS MUERTOS
10/21/2018
1810218785144

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NOVELA: EL ENCUENTRO ENTRE WILLIAM Y CORINNE
La niebla se fue apartando, dejando ver una enorme casona, con la fachada de piedras, imitando a un castillo. Conforme se iba aproximando, William se dio cuenta que era una maravillosa mansión, se veía bella y cuidada. William se detuvo en el avallado, el cual rodeaba la inmensa finca. El perro se coló entre los barrotes, llegando hasta el jardín de la fachada principal. William le llamó, le silbó para que regresase junto a él; pero sin resultado. En ese momento, un hombre delgado y pálido, con una escopeta de caza, intentó cortar el paso al pastor alemán.
— ¡No, no dispare, es mi perro! —le gritó William al individuo armado.
William perdió de vista al perro, eso lo fue poniendo muy nervioso, el joven se fue hacía la puerta de barrotes de hierro, desde allí vio a Dawn. No estaba solo, lo acariciaba una preciosa muchacha de veinte a veintitrés años. El aspecto de la joven tranquilizó a William, se veía pacífica y con cara de ser buena gente. El aire peinaba su cabello rubio hacía un lado, parecía haberse salido de un cuadro, su vestido largo de terciopelo de un azul cobalto, y un chal blanco echado por los hombros.
—Baje el arma Blaise, — le ordenó la joven al hombre alto y delgado.
—Yes, Miss Corinne, —obedeció el hombre bajando el arma.
—Es inofensivo, señorita, —dijo William desde el otro lado de la entrada.
La joven se fue acercando a la entrada, el perro caminaba a su lado, y en el otro caminaba el hombre, permaneciendo en actitud vigilante.
— ¿Cómo se llama? —preguntó la bella Corinne.
— ¿Quién, yo o el perro? —le contestó William sonriendo.
—Dígame el nombre de los dos, —dijo la joven sin perder la sonrisa de su rostro.
—Yo me llamo William Focter y mi perro Dawn Focter, —dijo el muchacho, introduciendo entre los barrotes la mano para saludar a la joven.
—Muy original, le has puesto a tu mascota Focter, tu apellido. Yo me llamo Corinne Grand —dijo la joven correspondiendo el saludo.
—Siento haber molestado señorita Corinne, voy de viaje, solo he parado para descansar unas horas, y sacar a mi perro.
—No molesta William, ¿puedo preguntarle hacia donde se dirige?
—A Escocia.
— ¿Alguna cuidad en particular?
—La verdad, voy a varias ciudades, Glasgow, Edimburgo y también Dunbar. Tengo que mirar unos trabajos. Luego, voy a visitar a unos familiares, dijo William, con la intención de no decir la verdad. No quería dejar pistas a la policía, en caso que se descubriese el asesinato de su vecina Herminia.
—Aún le queda un largo camino para llegar a Escocia, y la nieve se lo va aponer más difícil todavía.
—Lo sé, pero voy despacio y con mucha precaución.
— Blaise, prepare el té, ¿le apetece tomar un té, William?
—Acepto su invitación, una taza de té me sentará muy bien. Gracias Corinne.
El mayordomo abrió la verja de hierro, William entró en la finca. Los dos jóvenes caminaban hacia la entrada de la vivienda, hablando como si se conociesen desde siempre. William se limpió los zapatos antes de cruzar el umbral.
El recibidor estaba adornado en verde y oro, seguido, un salón con grandes ventanales y el techo muy alto, unos rayos de luz se colaban. Con aquella claridad, se veía unos enormes cuadros adornando las blancas paredes. William quedó impresionado, observaba todos los detalles de las pinturas, aquellos cazadores celebrando el triunfo de sus cacerías. Se detuvo frente a la chimenea, allí estaba el más bello de los cuadros. Una elegante dama, de piel clara y ojos verdes, tenía cierto parecido a Corinne, pero no mucho. Aquella mirada de la dama del cuadro se juntaba con quien observaba la pintura.
— Son mis antepasados, —dijo Corinne.
—Unos óleos maravillosos, ¿y esa dama tan bella?
—Era mi madre, madame Marie Victorie Grand.
—Tú eres también bella Corinne, pero dos bellezas diferentes.
Aquel hombre pálido entró con la bandeja del té, la dejó en la mesa pequeña, avivó el fuego de la chimenea, y sin decir nada, se dio la vuelta y salió del salón. William se sentó después que Corinne se sentase. La joven sirvió el té en tazas de porcelana. Dawn estaba adormecido delante de la chimenea. El ambiente era agradable, hacía tiempo que William no sentía un bienestar así.
— ¿Te puedo hace una pregunta Corinne?
—Sí, puedes preguntar William.
— ¿Qué hace una chica tan joven, guapa y viviendo sola en esta inmensa mansión?
AUTORAS: LOLA´S ROMAN Y BAREA

Literary: Other
relatos
antología poética
fábulas
cuentos
sonetos
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Lola Román y Barea
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Title 1 LOS ARCHIVOS DE LOS MUERTOS
NOVELA: EL ENCUENTRO ENTRE WILLIAM Y CORINNE
La niebla se fue apartando, dejando ver una enorme casona, con la fachada de piedras, imitando a un castillo. Conforme se iba aproximando, William se dio cuenta que era una maravillosa mansión, se veía bella y cuidada. William se detuvo en el avallado, el cual rodeaba la inmensa finca. El perro se coló entre los barrotes, llegando hasta el jardín de la fachada principal. William le llamó, le silbó para que regresase junto a él; pero sin resultado. En ese momento, un hombre delgado y pálido, con una escopeta de caza, intentó cortar el paso al pastor alemán.
— ¡No, no dispare, es mi perro! —le gritó William al individuo armado.
William perdió de vista al perro, eso lo fue poniendo muy nervioso, el joven se fue hacía la puerta de barrotes de hierro, desde allí vio a Dawn. No estaba solo, lo acariciaba una preciosa muchacha de veinte a veintitrés años. El aspecto de la joven tranquilizó a William, se veía pacífica y con cara de ser buena gente. El aire peinaba su cabello rubio hacía un lado, parecía haberse salido de un cuadro, su vestido largo de terciopelo de un azul cobalto, y un chal blanco echado por los hombros.
—Baje el arma Blaise, — le ordenó la joven al hombre alto y delgado.
—Yes, Miss Corinne, —obedeció el hombre bajando el arma.
—Es inofensivo, señorita, —dijo William desde el otro lado de la entrada.
La joven se fue acercando a la entrada, el perro caminaba a su lado, y en el otro caminaba el hombre, permaneciendo en actitud vigilante.
— ¿Cómo se llama? —preguntó la bella Corinne.
— ¿Quién, yo o el perro? —le contestó William sonriendo.
—Dígame el nombre de los dos, —dijo la joven sin perder la sonrisa de su rostro.
—Yo me llamo William Focter y mi perro Dawn Focter, —dijo el muchacho, introduciendo entre los barrotes la mano para saludar a la joven.
—Muy original, le has puesto a tu mascota Focter, tu apellido. Yo me llamo Corinne Grand —dijo la joven correspondiendo el saludo.
—Siento haber molestado señorita Corinne, voy de viaje, solo he parado para descansar unas horas, y sacar a mi perro.
—No molesta William, ¿puedo preguntarle hacia donde se dirige?
—A Escocia.
— ¿Alguna cuidad en particular?
—La verdad, voy a varias ciudades, Glasgow, Edimburgo y también Dunbar. Tengo que mirar unos trabajos. Luego, voy a visitar a unos familiares, dijo William, con la intención de no decir la verdad. No quería dejar pistas a la policía, en caso que se descubriese el asesinato de su vecina Herminia.
—Aún le queda un largo camino para llegar a Escocia, y la nieve se lo va aponer más difícil todavía.
—Lo sé, pero voy despacio y con mucha precaución.
— Blaise, prepare el té, ¿le apetece tomar un té, William?
—Acepto su invitación, una taza de té me sentará muy bien. Gracias Corinne.
El mayordomo abrió la verja de hierro, William entró en la finca. Los dos jóvenes caminaban hacia la entrada de la vivienda, hablando como si se conociesen desde siempre. William se limpió los zapatos antes de cruzar el umbral.
El recibidor estaba adornado en verde y oro, seguido, un salón con grandes ventanales y el techo muy alto, unos rayos de luz se colaban. Con aquella claridad, se veía unos enormes cuadros adornando las blancas paredes. William quedó impresionado, observaba todos los detalles de las pinturas, aquellos cazadores celebrando el triunfo de sus cacerías. Se detuvo frente a la chimenea, allí estaba el más bello de los cuadros. Una elegante dama, de piel clara y ojos verdes, tenía cierto parecido a Corinne, pero no mucho. Aquella mirada de la dama del cuadro se juntaba con quien observaba la pintura.
— Son mis antepasados, —dijo Corinne.
—Unos óleos maravillosos, ¿y esa dama tan bella?
—Era mi madre, madame Marie Victorie Grand.
—Tú eres también bella Corinne, pero dos bellezas diferentes.
Aquel hombre pálido entró con la bandeja del té, la dejó en la mesa pequeña, avivó el fuego de la chimenea, y sin decir nada, se dio la vuelta y salió del salón. William se sentó después que Corinne se sentase. La joven sirvió el té en tazas de porcelana. Dawn estaba adormecido delante de la chimenea. El ambiente era agradable, hacía tiempo que William no sentía un bienestar así.
— ¿Te puedo hace una pregunta Corinne?
—Sí, puedes preguntar William.
— ¿Qué hace una chica tan joven, guapa y viviendo sola en esta inmensa mansión?
AUTORAS: LOLA´S ROMAN Y BAREA
Work type Literary: Other
Tags relatos, antología poética, fábulas, cuentos, sonetos, otros.

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Identifier 1810218785144
Entry date Oct 21, 2018, 5:38 PM UTC
License Creative Commons Attribution 4.0

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Author. Holder Lola Román y Barea. Date Oct 21, 2018.


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