VIDAS CRUZADAS (TEXTO COMPLETO)

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Los alumnos de primer año fuimos citados por el profesor Torrella al enorme auditorio de la universidad. Estaba seguro que todos, sin excepción, habíamos estudiado hasta el cansancio para presentar el examen. Sería oral, por lo que los más de ciento veintidós alumnos, estábamos bien presentados; las mujeres muchas con faldas elegantes y los hombres de traje entero. El Doctor C, hizo su aparición y de inmediato, el silencio acaparó todo el auditorio. El profesor caminaba con una sonrisa llena de malicia y parecía que disfrutaba el vernos tan rígidos como soldados que se preparan para librar una batalla.

— Los rumores corren por los pasillos —dijo el Doctor C, dirigiéndose a todos nosotros—. Todos están bien presentados, pulcros… como debe ser —continuó, antes de sentarse en una silla—. Pero —muchos de nosotros respiramos tranquilos cuando escuchamos aquella primera palabra, pues imaginamos que el examen sería aplazado, por lo que habría más tiempo de estudiar—. Pero —dijo de nuevo el profesor al ver la cara de felicidad de todos—, esta vez las cosas no serán iguales —el silencio se rompió y un murmullo comenzó a escucharse—. He hablado con el decano —exclamó el profesor Torrella, alzando la voz en señal de que calláramos— y, he propuesto una nueva forma de evaluación que fue aceptada con gusto por él. Haremos una representación teatral que valdrá el ochenta por ciento de la nota final —la noticia fue procesada tan rápido por mi cerebro que fui el único que pareció encantarle la idea—. Me alegra que al señor Isman, le haya gustado la nueva forma de evaluarlos —dijo el profesor y todos dirigieron su mirada hacía mí.

Luego de ser el centro de atención durante al menos un minuto, el Doctor C, me nombró coordinador. No faltaron las voces de protesta y rechazo, pero el profesor, con voz potente, cayó de nuevo a todos. El veinte por ciento restante de la evaluación, estaría conformado por un trabajo a mano, consistente en una investigación. Recuerdo como el auditorio explotó de emoción, aunque el señor Torrella, aseguró que no se confiaran, pues no aceptaría una representación mediocre de la obra ni muchos menos plagios en el trabajo escrito. Yo estaría encargado no solo de difundir los días y hora de los ensayos, sino que, además, me ocuparía de recoger todas las investigaciones. Dos días después, publiqué una hoja firmada por el profesor, en el que le asignaba a cada uno un papel, las primeras fechas de los ensayos y el nombre mismo de la obra a representar: El arte de la jurídica. Ese mismo día, decidí llamar a mi padre, pues sabía que la noticia de la obra de teatro, lo haría enfadar.

— Padre, ¿conoces al profesor Torrella? —quise saber, antes de anunciarle la que para mí había sido la mejor noticia durante el semestre.
— Creo haberlo escuchado antes —contestó sin estar convencido.
— Es un tipo medio raro —dije—. Tiene un enorme tatuaje de un guerrillero en el brazo izquierdo, además escucha música extraña —en ese momento, escuché la respiración agitada de mi padre; él me interrumpió.
— Ya recuerdo quien es, pero es un excelente profesor… uno de los mejores, según me han contado —afirmó mi padre, aún sin creer que un profesor de semejantes calidades, se hubiese vuelto “extraño”.
— El último examen será una obra de teatro… ¿te imaginas…? ¡Una obra de teatro! —exclamé haciéndome el disgustado. Mi padre enseguida explotó de cólera.
— ¡¿Pero qué has dicho, muchacho?! —estaba seguro que el grito se había escuchado varias cuadras a la redonda—. ¿Pero qué se ha pensado este señor? ¡Imparte clases en una universidad de tradición jurídica, además de ser un centro de educación respetable!
— Padre, tenemos un profesor marica en la universidad —afirmé, tratando de controlar un ataque de risa. Para mi padre no solo el gusto por las artes te hacía un afeminado, sino que, además, el poseer tatuajes en tu cuerpo, te hacía merecedor del rótulo de drogadicto.
— Espero que nadie haya escuchado lo que has dicho —dijo mi padre con tono apenado.

Al final mi padre afirmó que llamaría a la universidad y utilizaría sus influencias para evitar contra todo pronóstico que la obra se llevara a cabo y como solía hacer cuando se ofuscaba conmigo, pasaba a mi madre al teléfono. Pude desahogarme con ella durante al menos veinte minutos. Le conté lo triste y solitario que me sentía por momentos; lo bien que me iba en la universidad a pesar de estar cursando una carrera que odiaba; de los amigos que había hecho y de cómo la vida me había hecho un guiño, al darme la oportunidad de palpar de nuevo lo hermoso de la actuación así fuera por un instante y en circunstancias distintas a las que hubiera deseado. Los dos reímos cuando le confesé que había llamado a mi padre solo para fastidiarlo, aunque me aconsejó no volver a hacerlo.

Narrative, Essay
muerte.
narrativa
cuento corto
vida

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Eder Vidinick Melo Torres
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Title VIDAS CRUZADAS (TEXTO COMPLETO)
Los alumnos de primer año fuimos citados por el profesor Torrella al enorme auditorio de la universidad. Estaba seguro que todos, sin excepción, habíamos estudiado hasta el cansancio para presentar el examen. Sería oral, por lo que los más de ciento veintidós alumnos, estábamos bien presentados; las mujeres muchas con faldas elegantes y los hombres de traje entero. El Doctor C, hizo su aparición y de inmediato, el silencio acaparó todo el auditorio. El profesor caminaba con una sonrisa llena de malicia y parecía que disfrutaba el vernos tan rígidos como soldados que se preparan para librar una batalla.

— Los rumores corren por los pasillos —dijo el Doctor C, dirigiéndose a todos nosotros—. Todos están bien presentados, pulcros… como debe ser —continuó, antes de sentarse en una silla—. Pero —muchos de nosotros respiramos tranquilos cuando escuchamos aquella primera palabra, pues imaginamos que el examen sería aplazado, por lo que habría más tiempo de estudiar—. Pero —dijo de nuevo el profesor al ver la cara de felicidad de todos—, esta vez las cosas no serán iguales —el silencio se rompió y un murmullo comenzó a escucharse—. He hablado con el decano —exclamó el profesor Torrella, alzando la voz en señal de que calláramos— y, he propuesto una nueva forma de evaluación que fue aceptada con gusto por él. Haremos una representación teatral que valdrá el ochenta por ciento de la nota final —la noticia fue procesada tan rápido por mi cerebro que fui el único que pareció encantarle la idea—. Me alegra que al señor Isman, le haya gustado la nueva forma de evaluarlos —dijo el profesor y todos dirigieron su mirada hacía mí.

Luego de ser el centro de atención durante al menos un minuto, el Doctor C, me nombró coordinador. No faltaron las voces de protesta y rechazo, pero el profesor, con voz potente, cayó de nuevo a todos. El veinte por ciento restante de la evaluación, estaría conformado por un trabajo a mano, consistente en una investigación. Recuerdo como el auditorio explotó de emoción, aunque el señor Torrella, aseguró que no se confiaran, pues no aceptaría una representación mediocre de la obra ni muchos menos plagios en el trabajo escrito. Yo estaría encargado no solo de difundir los días y hora de los ensayos, sino que, además, me ocuparía de recoger todas las investigaciones. Dos días después, publiqué una hoja firmada por el profesor, en el que le asignaba a cada uno un papel, las primeras fechas de los ensayos y el nombre mismo de la obra a representar: El arte de la jurídica. Ese mismo día, decidí llamar a mi padre, pues sabía que la noticia de la obra de teatro, lo haría enfadar.

— Padre, ¿conoces al profesor Torrella? —quise saber, antes de anunciarle la que para mí había sido la mejor noticia durante el semestre.
— Creo haberlo escuchado antes —contestó sin estar convencido.
— Es un tipo medio raro —dije—. Tiene un enorme tatuaje de un guerrillero en el brazo izquierdo, además escucha música extraña —en ese momento, escuché la respiración agitada de mi padre; él me interrumpió.
— Ya recuerdo quien es, pero es un excelente profesor… uno de los mejores, según me han contado —afirmó mi padre, aún sin creer que un profesor de semejantes calidades, se hubiese vuelto “extraño”.
— El último examen será una obra de teatro… ¿te imaginas…? ¡Una obra de teatro! —exclamé haciéndome el disgustado. Mi padre enseguida explotó de cólera.
— ¡¿Pero qué has dicho, muchacho?! —estaba seguro que el grito se había escuchado varias cuadras a la redonda—. ¿Pero qué se ha pensado este señor? ¡Imparte clases en una universidad de tradición jurídica, además de ser un centro de educación respetable!
— Padre, tenemos un profesor marica en la universidad —afirmé, tratando de controlar un ataque de risa. Para mi padre no solo el gusto por las artes te hacía un afeminado, sino que, además, el poseer tatuajes en tu cuerpo, te hacía merecedor del rótulo de drogadicto.
— Espero que nadie haya escuchado lo que has dicho —dijo mi padre con tono apenado.

Al final mi padre afirmó que llamaría a la universidad y utilizaría sus influencias para evitar contra todo pronóstico que la obra se llevara a cabo y como solía hacer cuando se ofuscaba conmigo, pasaba a mi madre al teléfono. Pude desahogarme con ella durante al menos veinte minutos. Le conté lo triste y solitario que me sentía por momentos; lo bien que me iba en la universidad a pesar de estar cursando una carrera que odiaba; de los amigos que había hecho y de cómo la vida me había hecho un guiño, al darme la oportunidad de palpar de nuevo lo hermoso de la actuación así fuera por un instante y en circunstancias distintas a las que hubiera deseado. Los dos reímos cuando le confesé que había llamado a mi padre solo para fastidiarlo, aunque me aconsejó no volver a hacerlo.
Work type Narrative, Essay
Tags muerte., narrativa, cuento corto, vida

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Registry info in Safe Creative

Identifier 1804306814120
Entry date Apr 30, 2018, 1:04 AM UTC
License Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivatives 4.0

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Author. Holder Eder Vidinick Melo Torres. Date Apr 30, 2018.


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