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¿QUIÉN SE BENEFICIA?
Por Miquel Ángel Capó Maimó.
No se ha de estar demasiado vivo para percibir el desagrado que producirá la lectura de las siguientes líneas. Más de la tercera parte de los lectores se sentirá identificado con el texto. Como siempre he indicado: cada uno interpreta a razón de su capacidad intelectual; obteniendo una información que podrá ser utilizada del modo que prefiera o hasta donde alcance. No soy dado a justificar mis acciones o palabras [sólo faltaría], ya que bien deduzco responsabilidades propias y únicas. El don de la palabra pinta escaso en los tiempos actuales, no pretendo culpar al producto, pero sí al consumidor. Es inconcebible que en el primer tercio del siglo XXI se sigan permitiendo situaciones que ya ocurrían en las jornadas vividas por los conquistadores del siglo XV.
¿QUIÉN SE BENEFICIA?
Lo que sí está claro es que los deportes minoritarios ofrecen beneficio; sí, pero a un pequeño grupo de personajes. Nombrar las categorías agraciadas será parte de las líneas que formarán este escrito.
No sé porqué… Hablemos de un deporte olímpico. Por ejemplo, cualquiera de ellos.
Qué decir de aquellos padres que acuden al instructor del gimnasio (judo, karate, taekwondo, boxeo) de su barrio, escuela de fútbol, de baloncesto, de tenis… En un principio con el único afán de que su retoño vacíe toda su pesadez en una sala de unos 100 metros cuadrados, en un terreno de unos 100 x 75 metros, pabellón municipal, etc. Aprovechan la actividad como una simple excusa, sobre todo para aquellas “mamás” que validan la hora que dura la actividad escogida con un desahogo común, acompañadas por otras de su especie; tomando café [o té… o un vinito], en algún garito mientras desnudan, por medio de su verborrea, a la vecina de turno.
A medida que el chaval va progresando [deportivamente] el instructor [o monigote de lo que sea] pasa la nota a sus progenitores. La intención es obvia: eventos donde “soltar” al infante, con la esperanza que ofrezca el resultado esperado para decorar, con tintes de podium, las letras de su club o escuela.
Se va tomando consciencia de lo evidente, el inesperado desembolso, inversión importante para preparar a la futura máquina de conseguir medallas [o al menos eso es lo perseguido]. Si comenzamos a “sacar números” sobre el coste de la equipación para poder participar en los eventos: licencia federativa, traslados (donde se incluyen billetes, hotel y alquiler de vehículo; multiplicándolo por un mínimo de tres o cuatro salidas por año); sólo con el hecho de imaginarlo podemos hacernos una idea de tal barbaridad. ¿Qué familia puede sostener este ritmo? ¿Qué chaval podrá soportar la intensidad que demanda este tipo de situaciones? Fácil respuesta; uno entre centenas (por no escribir miles).
Bien… ¿A quién beneficia todo este movimiento? Como ya he dejado “caer” en la primera parte, a los “Masters [del Universo]”, propietarios/empresarios del reclamo parental, los mismos que dejan sospechar, a todos esos terceros, que son artífices de un interés “desinteresado” que conducirá al actor secundario [ya que el protagonista siempre será el nombre del club o escuela] hacia un espacio privilegiado y por todos deseado; la primera fila del escaparte nacional [o internacional].
La mayoría serán ex competidores frustrados con serios problemas de identidad. Serán esos encargados de sacarle beneficio a una “troupe” de ignorantes [sobre la temática del por qué]. Y menciono “frustrados” por una sencilla razón obvia: sólo un 5% de los que lo probaron [en su día] son los que llegaron a saborear el verdadero beneficio de ser un competidor retribuido; siendo el 95 % restante el que encontró su salida “profesional” abriendo [o echando una manita en] una sala de actividades polideportivas, gimnasio o escuela; en el centro o alrededores de su ciudad natal.
¿Beneficiados? Claro, podemos encontrar a aquellos “elegidos” [por los dioses] para dirigir los centros especializados; obviamente públicos (salario seguro y del Estado). Que sean los más indicados o mejor preparados para cumplir con el cometido deseado ya es otra cuestión.
¿Beneficiados? Claro, encontramos también a los dirigentes de mayor rango. Serán los de mayor poder, los que harán y desharán, con apoyo o sin él.
¿Beneficiados? Claro, lo serán aquellos que tengan algo provechoso que mostrar. Los habrá que lo intentarán; aunque se les vea la poca gracia al hacerlo, pesadeces de “más de lo mismo”; el típico copia y pega.
¿Beneficiados? Claro, terceros que especularán con aquellos artículos necesarios para desarrollar la actividad. Ya sean marcas genéricas o las específicas del deporte que traten.
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Title QUIÉN SE BENEFICIA
¿QUIÉN SE BENEFICIA?
Por Miquel Ángel Capó Maimó.
No se ha de estar demasiado vivo para percibir el desagrado que producirá la lectura de las siguientes líneas. Más de la tercera parte de los lectores se sentirá identificado con el texto. Como siempre he indicado: cada uno interpreta a razón de su capacidad intelectual; obteniendo una información que podrá ser utilizada del modo que prefiera o hasta donde alcance. No soy dado a justificar mis acciones o palabras [sólo faltaría], ya que bien deduzco responsabilidades propias y únicas. El don de la palabra pinta escaso en los tiempos actuales, no pretendo culpar al producto, pero sí al consumidor. Es inconcebible que en el primer tercio del siglo XXI se sigan permitiendo situaciones que ya ocurrían en las jornadas vividas por los conquistadores del siglo XV.
¿QUIÉN SE BENEFICIA?
Lo que sí está claro es que los deportes minoritarios ofrecen beneficio; sí, pero a un pequeño grupo de personajes. Nombrar las categorías agraciadas será parte de las líneas que formarán este escrito.
No sé porqué… Hablemos de un deporte olímpico. Por ejemplo, cualquiera de ellos.
Qué decir de aquellos padres que acuden al instructor del gimnasio (judo, karate, taekwondo, boxeo) de su barrio, escuela de fútbol, de baloncesto, de tenis… En un principio con el único afán de que su retoño vacíe toda su pesadez en una sala de unos 100 metros cuadrados, en un terreno de unos 100 x 75 metros, pabellón municipal, etc. Aprovechan la actividad como una simple excusa, sobre todo para aquellas “mamás” que validan la hora que dura la actividad escogida con un desahogo común, acompañadas por otras de su especie; tomando café [o té… o un vinito], en algún garito mientras desnudan, por medio de su verborrea, a la vecina de turno.
A medida que el chaval va progresando [deportivamente] el instructor [o monigote de lo que sea] pasa la nota a sus progenitores. La intención es obvia: eventos donde “soltar” al infante, con la esperanza que ofrezca el resultado esperado para decorar, con tintes de podium, las letras de su club o escuela.
Se va tomando consciencia de lo evidente, el inesperado desembolso, inversión importante para preparar a la futura máquina de conseguir medallas [o al menos eso es lo perseguido]. Si comenzamos a “sacar números” sobre el coste de la equipación para poder participar en los eventos: licencia federativa, traslados (donde se incluyen billetes, hotel y alquiler de vehículo; multiplicándolo por un mínimo de tres o cuatro salidas por año); sólo con el hecho de imaginarlo podemos hacernos una idea de tal barbaridad. ¿Qué familia puede sostener este ritmo? ¿Qué chaval podrá soportar la intensidad que demanda este tipo de situaciones? Fácil respuesta; uno entre centenas (por no escribir miles).
Bien… ¿A quién beneficia todo este movimiento? Como ya he dejado “caer” en la primera parte, a los “Masters [del Universo]”, propietarios/empresarios del reclamo parental, los mismos que dejan sospechar, a todos esos terceros, que son artífices de un interés “desinteresado” que conducirá al actor secundario [ya que el protagonista siempre será el nombre del club o escuela] hacia un espacio privilegiado y por todos deseado; la primera fila del escaparte nacional [o internacional].
La mayoría serán ex competidores frustrados con serios problemas de identidad. Serán esos encargados de sacarle beneficio a una “troupe” de ignorantes [sobre la temática del por qué]. Y menciono “frustrados” por una sencilla razón obvia: sólo un 5% de los que lo probaron [en su día] son los que llegaron a saborear el verdadero beneficio de ser un competidor retribuido; siendo el 95 % restante el que encontró su salida “profesional” abriendo [o echando una manita en] una sala de actividades polideportivas, gimnasio o escuela; en el centro o alrededores de su ciudad natal.
¿Beneficiados? Claro, podemos encontrar a aquellos “elegidos” [por los dioses] para dirigir los centros especializados; obviamente públicos (salario seguro y del Estado). Que sean los más indicados o mejor preparados para cumplir con el cometido deseado ya es otra cuestión.
¿Beneficiados? Claro, encontramos también a los dirigentes de mayor rango. Serán los de mayor poder, los que harán y desharán, con apoyo o sin él.
¿Beneficiados? Claro, lo serán aquellos que tengan algo provechoso que mostrar. Los habrá que lo intentarán; aunque se les vea la poca gracia al hacerlo, pesadeces de “más de lo mismo”; el típico copia y pega.
¿Beneficiados? Claro, terceros que especularán con aquellos artículos necesarios para desarrollar la actividad. Ya sean marcas genéricas o las específicas del deporte que traten.
Work type Article
Tags crítica, deporte
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Registry info in Safe Creative
Identifier 1712205156558
Entry date Dec 20, 2017, 5:22 PM UTC
License Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivatives 4.0
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Copyright registered declarations
Author. Holder Miquel Àngel Capó Maimó. Date Dec 20, 2017.
Information available at https://www.safecreative.org/work/1712205156558-quien-se-beneficia