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Los archivos de los muertos (La maldición de Ellos)
William le cogió la mano a la joven y se la besó. Ella le dio las gracias y amable le ofreció más té, él aceptó. Blaise, el mayordomo, entró con la tetera humeante y unas salchichas para el perro, el hombre en silencio retiró la anterior ya fría y salió del salón. Dawn, se acercó a la mesa donde estaban los jóvenes, Corinne le puso el plato de las salchichas en el suelo.
—Yo tuve un perro igual a Dawn, también era un precioso pastor alemán, —dijo la chica, mientras lo acariciaba y le peinaba los pelos con sus dedos.
— ¿Y qué le pasó a tu perro?
—Un día, íbamos paseando cerca de la carretera, el perro la atravesó, en ese preciso momento pasaba un camión, con tan mala suerte que lo atropelló.
—Lo siento mucho Corinne, para ti debió ser terrible.
—Lo fue, lo pasé muy mal, quería mucho a mi perro Doux.
Corinne se levantó y se fue hacia una vitrina, abrió la puerta y sacó un precioso collar de su perro muerto. El collar era de un cuero negro brillante, adornado con estrellas de plata, y en cada estrella llevaba una piedra preciosa color morada. La joven se volvió a la mesa y se lo enseñó a William.
—Es un collar precioso, ¿es auténtica plata, y las piedras?
—Sí, es plata de ley, las piedras son auténticas, ¿crees que le gustará a Dawn? —le preguntó la joven.
—Dawn se sentirá orgulloso llevándolo el collar, y yo muy agradecido.
Corinne se acercó al perro de William, y le puso en el cuello el valioso collar, después volvió a la mesa. El mayordomo entró en el salón.
— ¿Señorita Corinne, el señor se quedará a la comida?
— ¿Le apetece quedarse a comer conmigo, William?
—Por mí encantado, pero no quiero ser una molestia.
—No es ninguna molestia, al contrario, William, me gusta estar acompañada en la mesa y hace mucho tiempo que estoy sola.
—Eres muy amable y se está muy bien en tu compañía. Sí, acepto la invitación.
—Blaise, ponga un cubierto más, él señor se queda, y prepare un plato exquisito para Dawn.
—Sí señorita Corinne.
El mayordomo volvió a salir del salón con cara de pocos amigos.
—Acompáñame William, quiero que veas algunos cuadros.
William siguió a Corinne hasta la biblioteca. Los ojos del joven, fueron atrapados por aquellas maravillosas pinturas. Allí había cantidad de libros antiguos, su especialidad.
—Veo que te gustan los libros.
—Mucho, soy periodista y me encanta escribir, sobre todo leer, todo aquello que tenga que ver con la información, y por norma general, la información están en los libros.
William buscaba en los libros las fechas más antiguas, eligió uno del siglo XVIII, los jóvenes se sentaron y empezaron a mirarlo.
Lola, s Román y Barea
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Title I Los archivos de los muertos
Los archivos de los muertos (La maldición de Ellos)
William le cogió la mano a la joven y se la besó. Ella le dio las gracias y amable le ofreció más té, él aceptó. Blaise, el mayordomo, entró con la tetera humeante y unas salchichas para el perro, el hombre en silencio retiró la anterior ya fría y salió del salón. Dawn, se acercó a la mesa donde estaban los jóvenes, Corinne le puso el plato de las salchichas en el suelo.
—Yo tuve un perro igual a Dawn, también era un precioso pastor alemán, —dijo la chica, mientras lo acariciaba y le peinaba los pelos con sus dedos.
— ¿Y qué le pasó a tu perro?
—Un día, íbamos paseando cerca de la carretera, el perro la atravesó, en ese preciso momento pasaba un camión, con tan mala suerte que lo atropelló.
—Lo siento mucho Corinne, para ti debió ser terrible.
—Lo fue, lo pasé muy mal, quería mucho a mi perro Doux.
Corinne se levantó y se fue hacia una vitrina, abrió la puerta y sacó un precioso collar de su perro muerto. El collar era de un cuero negro brillante, adornado con estrellas de plata, y en cada estrella llevaba una piedra preciosa color morada. La joven se volvió a la mesa y se lo enseñó a William.
—Es un collar precioso, ¿es auténtica plata, y las piedras?
—Sí, es plata de ley, las piedras son auténticas, ¿crees que le gustará a Dawn? —le preguntó la joven.
—Dawn se sentirá orgulloso llevándolo el collar, y yo muy agradecido.
Corinne se acercó al perro de William, y le puso en el cuello el valioso collar, después volvió a la mesa. El mayordomo entró en el salón.
— ¿Señorita Corinne, el señor se quedará a la comida?
— ¿Le apetece quedarse a comer conmigo, William?
—Por mí encantado, pero no quiero ser una molestia.
—No es ninguna molestia, al contrario, William, me gusta estar acompañada en la mesa y hace mucho tiempo que estoy sola.
—Eres muy amable y se está muy bien en tu compañía. Sí, acepto la invitación.
—Blaise, ponga un cubierto más, él señor se queda, y prepare un plato exquisito para Dawn.
—Sí señorita Corinne.
El mayordomo volvió a salir del salón con cara de pocos amigos.
—Acompáñame William, quiero que veas algunos cuadros.
William siguió a Corinne hasta la biblioteca. Los ojos del joven, fueron atrapados por aquellas maravillosas pinturas. Allí había cantidad de libros antiguos, su especialidad.
—Veo que te gustan los libros.
—Mucho, soy periodista y me encanta escribir, sobre todo leer, todo aquello que tenga que ver con la información, y por norma general, la información están en los libros.
William buscaba en los libros las fechas más antiguas, eligió uno del siglo XVIII, los jóvenes se sentaron y empezaron a mirarlo.
Lola, s Román y Barea
Work type Literary: Other
Tags fábulas, antología poética, otros., cuentos, relatos, sonetos
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Registry info in Safe Creative
Identifier 1711044735375
Entry date Nov 4, 2017, 8:56 AM UTC
License Creative Commons Attribution 4.0
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Copyright registered declarations
Author. Holder Lola Barea Barrera. Date Nov 4, 2017.
Information available at https://www.safecreative.org/work/1711044735375-i-los-archivos-de-los-muertos