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Germán, personaje de la NOVELA " LOS ARCHIVOS DE LOS MUERTOS( LA MALDICIÓN DE ELLOS)
Hacía poco tiempo que Germán marchó de la pequeña aldea donde siempre vivió. Allí su futuro era tan negro como el carbón que producía junto a su padre. El carbón era el sustento de toda la familia.
El día antes de marcharme le comentó a su padre.
—Un día de estos me voy de aquí, padre, esto no es vida, veo en la tele y en el periódico como viven en otros sitios, viven mucho mejor que nosotros y trabajan menos que nosotros.
—No hables tonterías, ¿A dónde vas a ir tú, si no tienes estudio, ni carnet de conducir?
—Tengo veintinueve años, buena presencia y muchas ganas de cambiar a una vida mejor, creo que eso es todo lo que necesito.
— ¡Germán hijo, ya deja de hablar cosas incoherentes, estás casado con Adela y tienes tres hijos pequeños, de cinco de tres y de uno, tienes que alimentarlos, tú los ha hecho y ahora apechugas con ellos y con la mujer que te ha tocado!
—Padre, la Adela quería pillarme y hasta que no lo consiguió no paró.
—Ella no te puso un cuchillo en el cuello.
—No, pero me emborrachó y me puso otra cosa, borracho no supe rechazar.
—Vale, el primero puede que fuese así, ¿pero y los otros dos hijos?
—Un tanto de lo mismo, padre.
—O sea que eres un facilón con las mujeres, o sea que eres bueno en la cama.
—Así es padre, por eso me quiero ir y tener mujeres guapas de esas que salen en las revistas, Adela ya no me atrae sexualmente y aquí en la aldea no tengo donde escoger, no hay nada que merezca la pena.
—Hijo, conociéndote como te conozco, sé que te vas a ir, ya se te ha metido en la cabeza y hasta que no lo consigas no vas aparar, pero antes de irte habla con Adela, y cuéntale que vas a buscar un futuro mejor y cuando estés con trabajo, vivienda te la llevarás a ella y a los niños.
—No, padre, no le voy a contar nada de lo que no voy a cumplir.
—Hijo, no hagas las cosas mal, yo ya soy viejo y no puedo hacerme cargo de tu familia, ya cumplí con la mía.
—Por eso no quiero acabar como tú, ha sido un hombre que entregaste tu vida al servicio de otros, ¿y dime padre, que ha conseguido? Nada, mírate, estás viejo y enfermo, hasta tus mocos son negros, y Adela le da asco lavarte los pañuelos, pero no le da asco del dinero que le das por lavarte la ropa y hacerte la comida. ¿Quiere que tu hijo, o sea yo, acabe así?
—Germán, hijo, dicho así.
—Pues padre, no se hable más del tema.
—Si te vas ya no te veré hijo mío.
—Alégrate por mí padre, estaré mejor, y por fin seré feliz.
Esa noche apenas durmió, se levanté a las cinco de la mañana, Adela ya estaba en la cocina preparando los desayunos de toda la familia. Le miró de arriba abajo, y le preguntó.
— ¿Por qué no te has puesto la ropa del trabajo, y donde vas tan bien vestido?
—Voy a una revisión médica.
—Germán, llevo los niños con mi madre y voy contigo.
— ¡No! Digo, no hace falta Adela, yo are autoestop y cualquier coche me recoge, y en una mujer no está bien visto eso. Tú sigue con tus quehaceres y déjame a mí que haga lo que tengo que hacer.
Era de noche cuando llegó a la estación de Atocha, Madrid, cogió un periódico que estaba abandonado en un asiento, se sentó y empezó a leer la parte de los alquileres, había una habitación que se alquilaba por ciento setenta euros, en un piso compartido, con derecho a cocina y baño. Llamó, le contestó un chico con acento inglés.
—Buenas noches, perdone que le llame a esta hora, pero he visto en el periódico el anuncio que se alquila una habitación y me interesa, perdón, mi nombre es Germán.
— ¿Pero de donde ha sacado el periódico?, hace más de ocho meses que puse el anuncio. Lo siento pero ya no la alquilo, en una semana dejo el piso.
—Aunque sea por una semana me interesa alquilar la habitación, pagaré lo que me pida, no conozco a nadie en Madrid y no me gustaría dormir en la estación.
— ¿Qué le parece doscientos euros por una semana?
— Me parece bien, se los entregaré en cuanto llegue.
Pues coja un taxi y que lo lleve a la calle Tíscar, yo le esperaré abajo en la esquina de la calle, por cierto mi nombre es William Foster, también me puede llamar Guillermo, que conste que le hago este favor porque necesito el dinero.
—Gracias William, voy para allá.
Autoras Lola´s Román y Barea
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Title Los archivos de los muertos
Germán, personaje de la NOVELA " LOS ARCHIVOS DE LOS MUERTOS( LA MALDICIÓN DE ELLOS)
Hacía poco tiempo que Germán marchó de la pequeña aldea donde siempre vivió. Allí su futuro era tan negro como el carbón que producía junto a su padre. El carbón era el sustento de toda la familia.
El día antes de marcharme le comentó a su padre.
—Un día de estos me voy de aquí, padre, esto no es vida, veo en la tele y en el periódico como viven en otros sitios, viven mucho mejor que nosotros y trabajan menos que nosotros.
—No hables tonterías, ¿A dónde vas a ir tú, si no tienes estudio, ni carnet de conducir?
—Tengo veintinueve años, buena presencia y muchas ganas de cambiar a una vida mejor, creo que eso es todo lo que necesito.
— ¡Germán hijo, ya deja de hablar cosas incoherentes, estás casado con Adela y tienes tres hijos pequeños, de cinco de tres y de uno, tienes que alimentarlos, tú los ha hecho y ahora apechugas con ellos y con la mujer que te ha tocado!
—Padre, la Adela quería pillarme y hasta que no lo consiguió no paró.
—Ella no te puso un cuchillo en el cuello.
—No, pero me emborrachó y me puso otra cosa, borracho no supe rechazar.
—Vale, el primero puede que fuese así, ¿pero y los otros dos hijos?
—Un tanto de lo mismo, padre.
—O sea que eres un facilón con las mujeres, o sea que eres bueno en la cama.
—Así es padre, por eso me quiero ir y tener mujeres guapas de esas que salen en las revistas, Adela ya no me atrae sexualmente y aquí en la aldea no tengo donde escoger, no hay nada que merezca la pena.
—Hijo, conociéndote como te conozco, sé que te vas a ir, ya se te ha metido en la cabeza y hasta que no lo consigas no vas aparar, pero antes de irte habla con Adela, y cuéntale que vas a buscar un futuro mejor y cuando estés con trabajo, vivienda te la llevarás a ella y a los niños.
—No, padre, no le voy a contar nada de lo que no voy a cumplir.
—Hijo, no hagas las cosas mal, yo ya soy viejo y no puedo hacerme cargo de tu familia, ya cumplí con la mía.
—Por eso no quiero acabar como tú, ha sido un hombre que entregaste tu vida al servicio de otros, ¿y dime padre, que ha conseguido? Nada, mírate, estás viejo y enfermo, hasta tus mocos son negros, y Adela le da asco lavarte los pañuelos, pero no le da asco del dinero que le das por lavarte la ropa y hacerte la comida. ¿Quiere que tu hijo, o sea yo, acabe así?
—Germán, hijo, dicho así.
—Pues padre, no se hable más del tema.
—Si te vas ya no te veré hijo mío.
—Alégrate por mí padre, estaré mejor, y por fin seré feliz.
Esa noche apenas durmió, se levanté a las cinco de la mañana, Adela ya estaba en la cocina preparando los desayunos de toda la familia. Le miró de arriba abajo, y le preguntó.
— ¿Por qué no te has puesto la ropa del trabajo, y donde vas tan bien vestido?
—Voy a una revisión médica.
—Germán, llevo los niños con mi madre y voy contigo.
— ¡No! Digo, no hace falta Adela, yo are autoestop y cualquier coche me recoge, y en una mujer no está bien visto eso. Tú sigue con tus quehaceres y déjame a mí que haga lo que tengo que hacer.
Era de noche cuando llegó a la estación de Atocha, Madrid, cogió un periódico que estaba abandonado en un asiento, se sentó y empezó a leer la parte de los alquileres, había una habitación que se alquilaba por ciento setenta euros, en un piso compartido, con derecho a cocina y baño. Llamó, le contestó un chico con acento inglés.
—Buenas noches, perdone que le llame a esta hora, pero he visto en el periódico el anuncio que se alquila una habitación y me interesa, perdón, mi nombre es Germán.
— ¿Pero de donde ha sacado el periódico?, hace más de ocho meses que puse el anuncio. Lo siento pero ya no la alquilo, en una semana dejo el piso.
—Aunque sea por una semana me interesa alquilar la habitación, pagaré lo que me pida, no conozco a nadie en Madrid y no me gustaría dormir en la estación.
— ¿Qué le parece doscientos euros por una semana?
— Me parece bien, se los entregaré en cuanto llegue.
Pues coja un taxi y que lo lleve a la calle Tíscar, yo le esperaré abajo en la esquina de la calle, por cierto mi nombre es William Foster, también me puede llamar Guillermo, que conste que le hago este favor porque necesito el dinero.
—Gracias William, voy para allá.
Autoras Lola´s Román y Barea
Work type Literary: Other
Tags antología poética, sonetos, cuentos, fábulas, relatos, otros.
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Registry info in Safe Creative
Identifier 1709233582367
Entry date Sep 23, 2017, 11:35 AM UTC
License Creative Commons Attribution 4.0
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Copyright registered declarations
Author. Holder Lola Barea Barrera. Date Sep 23, 2017.
Information available at https://www.safecreative.org/work/1709233582367-los-archivos-de-los-muertos