PARTE diez DE LA NOVELA
08/15/2017
1708153294251

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10 de la novela: "Flor y música para el funeral de Elisa". Emoción, amor y suspense.
Me puse delante de él y le dije: “Sé que lo que hemos hecho yo y Anselmo no está bien, le pido disculpa y le aseguro que no va a ocurrir más, ¿sigue usted pensando en contárselo a doña Elvira?
“Por supuesto que sí, en cuanto baje le informo de lo sucedido”.
“Yo le contesté al testarudo y viejo Arnau, pues, entonces me veré obligada a enseñarle a mi novio Anselmo esto, le aseguro que no le va a gustar que, su mamaíta se revolcara en la cama con un cliente, y por las fechas, su papaíto estaba vivo y cornudo, y lo que es peor, los cuerdo eran puestos bajo su propio techo, y aún mucho más peor, el ignorante cornudo, le servía carajillos y puros al amante de su mujer”. El viejo se le cambió el color de la cara. En ese momento hicimos un trato, él no diría nada a doña Elvira y yo le entregue sus amarillentas cartas, pero le dije: “Si se va de la lengua, tengo copias de sus cartas”. Yo no tenía copias de las cartas, solo quería asegurarme que el viejo Arnau, no le contase nada a doña Elvira.
“Madre mía, con solo diecisietes años y que astuta y valiente fuiste” exclamó Genoveva.
“Así se hace Montserrat, tu novio se comportó como un cobarde pero tú fuiste valiente”, dijo Fabrizia a la vez que rellenaba las tres copas.
Montse siguió contando su historia.
Anselmo y yo nos seguimos viendo a escondidas, pero tomábamos más precaución, solo nos veíamos en las habitaciones que estuviesen vacías, sin clientes.
La relación entre yo y Anselmo, se iba debilitando, aquello me preocupaba, quizá me entregue demasiado a mi novio, y eso hizo que, se fuese cansando de mí. Aunque él, me prometió que hablaría con su madre, para que nos diera permiso para casarnos. Cosa que lo veía difícil, doña Elvira no me quería, ella buscaba una mujer con dinero para su hijo.
Una mañana, ayudaba a doña Elvira en la cocina, estaba desollando unos conejos para guisarlos. Me entró nauseas, tuve que irme al baño a vomitar. Cuando volví, Elvira me ordenó para que me sentara, y sin darse rodeos me dijo: “Tú estás preñada, ahora mismo me dices de quién es ese niño”.
“Yo le dije, es de tu hijo Anselmo, y será tu nieto”. La reacción de Elvira fue,
guantazo con todas sus fuerzas, mi mejilla me ardía de dolor. Me puse de pie y le dije: “No vuelvas a tocarme o se arrepentirá”.
Elvira me echó de la cocina, me dijo que saliera de su hostal y no volviera nunca jamás.
Yo le dije: “Me voy a ir, pero antes le voy a enseñar a tu hijo Anselmo, todas las cartas de amoríos, que tuviste con el señor Arnau, y lo bien que te lo pasabas, cuando te metías en la cama de tu amante, mientras el infeliz de tu esposo, te esperaba para recoger unas sobras de tu falso amor hacia él. Antes que doña Elvira abriera su boca, le dije, tengo copias de esas cartas, y de las notas que le escribías para vuestras citas, a espalda de tu marido. Todo eso, te aseguro que no le va a gustar a tu hijo, y ante la duda de quién será su verdadero padre, lo volverá loco, y te odiará por ello.

A los tres meses de aquello, Anselmo y yo nos casamos, y por desgracia, mi bebé lo perdí, antes que naciera. Fue un duro golpe para mí y Anselmo, nos habías hecho muchas ilusiones.
Pasaron los años y nuca más quedé embarazada”.
A Montse se le saltaron las lágrimas. Genoveva y Fabrizia se abrazaron a su amiga. Montse continuó.
“El señor Arnau murió, y al poco tiempo murió doña Elvira, yo y Anselmo seguimos con el hostal, hasta hace cuatro años que, Anselmo me dejó por una chica de veinte años. Un día, llegó aquí, buscando trabajo, yo la contraté. Anselmo, volvió a repasar y a probar otra vez las habitaciones, pero esta vez fue con una chica nueva y nueva para él, lo volvió loco. Eché a la chica y Anselmo se fue con ella. El divorcio fue rápido, él se quedó con dos pisos en el centro, a mí me dejó el hostal. Y aquí me tenéis, hecha una vieja, con cincuenta años, gorda, sola y borracha”.
“Primero, con cincuenta años no eres vieja, los kilos los puedes perder si te lo propones, y sola no estás, nos tiene a nosotras, le dijo Genoveva.
“La última copa y nos vamos a dormir”, dijo Montse rellenando las copas.
Fabrizia se decidió a contar la historia de su vida.“Solo voy a contar las cosas que hicieron cambiar mi vida. Seré breve. Nací en un pueblito que pertenece a Lombardía, Italia. Yo no recuerdo aquel lugar, pues, cuando tenía unos cinco años, mis padres, vendedores ambulante, se mataron en un accidente de coche, yo me salvé, gracias a los bultos de ropas que me protegieron. Autor Lola Román y Barea.

Literary: Other
antología poética
otros.
sonetos
fábulas
relatos
cuentos

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Lola Barea Barrera
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Title PARTE diez DE LA NOVELA
10 de la novela: "Flor y música para el funeral de Elisa". Emoción, amor y suspense.
Me puse delante de él y le dije: “Sé que lo que hemos hecho yo y Anselmo no está bien, le pido disculpa y le aseguro que no va a ocurrir más, ¿sigue usted pensando en contárselo a doña Elvira?
“Por supuesto que sí, en cuanto baje le informo de lo sucedido”.
“Yo le contesté al testarudo y viejo Arnau, pues, entonces me veré obligada a enseñarle a mi novio Anselmo esto, le aseguro que no le va a gustar que, su mamaíta se revolcara en la cama con un cliente, y por las fechas, su papaíto estaba vivo y cornudo, y lo que es peor, los cuerdo eran puestos bajo su propio techo, y aún mucho más peor, el ignorante cornudo, le servía carajillos y puros al amante de su mujer”. El viejo se le cambió el color de la cara. En ese momento hicimos un trato, él no diría nada a doña Elvira y yo le entregue sus amarillentas cartas, pero le dije: “Si se va de la lengua, tengo copias de sus cartas”. Yo no tenía copias de las cartas, solo quería asegurarme que el viejo Arnau, no le contase nada a doña Elvira.
“Madre mía, con solo diecisietes años y que astuta y valiente fuiste” exclamó Genoveva.
“Así se hace Montserrat, tu novio se comportó como un cobarde pero tú fuiste valiente”, dijo Fabrizia a la vez que rellenaba las tres copas.
Montse siguió contando su historia.
Anselmo y yo nos seguimos viendo a escondidas, pero tomábamos más precaución, solo nos veíamos en las habitaciones que estuviesen vacías, sin clientes.
La relación entre yo y Anselmo, se iba debilitando, aquello me preocupaba, quizá me entregue demasiado a mi novio, y eso hizo que, se fuese cansando de mí. Aunque él, me prometió que hablaría con su madre, para que nos diera permiso para casarnos. Cosa que lo veía difícil, doña Elvira no me quería, ella buscaba una mujer con dinero para su hijo.
Una mañana, ayudaba a doña Elvira en la cocina, estaba desollando unos conejos para guisarlos. Me entró nauseas, tuve que irme al baño a vomitar. Cuando volví, Elvira me ordenó para que me sentara, y sin darse rodeos me dijo: “Tú estás preñada, ahora mismo me dices de quién es ese niño”.
“Yo le dije, es de tu hijo Anselmo, y será tu nieto”. La reacción de Elvira fue,
guantazo con todas sus fuerzas, mi mejilla me ardía de dolor. Me puse de pie y le dije: “No vuelvas a tocarme o se arrepentirá”.
Elvira me echó de la cocina, me dijo que saliera de su hostal y no volviera nunca jamás.
Yo le dije: “Me voy a ir, pero antes le voy a enseñar a tu hijo Anselmo, todas las cartas de amoríos, que tuviste con el señor Arnau, y lo bien que te lo pasabas, cuando te metías en la cama de tu amante, mientras el infeliz de tu esposo, te esperaba para recoger unas sobras de tu falso amor hacia él. Antes que doña Elvira abriera su boca, le dije, tengo copias de esas cartas, y de las notas que le escribías para vuestras citas, a espalda de tu marido. Todo eso, te aseguro que no le va a gustar a tu hijo, y ante la duda de quién será su verdadero padre, lo volverá loco, y te odiará por ello.

A los tres meses de aquello, Anselmo y yo nos casamos, y por desgracia, mi bebé lo perdí, antes que naciera. Fue un duro golpe para mí y Anselmo, nos habías hecho muchas ilusiones.
Pasaron los años y nuca más quedé embarazada”.
A Montse se le saltaron las lágrimas. Genoveva y Fabrizia se abrazaron a su amiga. Montse continuó.
“El señor Arnau murió, y al poco tiempo murió doña Elvira, yo y Anselmo seguimos con el hostal, hasta hace cuatro años que, Anselmo me dejó por una chica de veinte años. Un día, llegó aquí, buscando trabajo, yo la contraté. Anselmo, volvió a repasar y a probar otra vez las habitaciones, pero esta vez fue con una chica nueva y nueva para él, lo volvió loco. Eché a la chica y Anselmo se fue con ella. El divorcio fue rápido, él se quedó con dos pisos en el centro, a mí me dejó el hostal. Y aquí me tenéis, hecha una vieja, con cincuenta años, gorda, sola y borracha”.
“Primero, con cincuenta años no eres vieja, los kilos los puedes perder si te lo propones, y sola no estás, nos tiene a nosotras, le dijo Genoveva.
“La última copa y nos vamos a dormir”, dijo Montse rellenando las copas.
Fabrizia se decidió a contar la historia de su vida.“Solo voy a contar las cosas que hicieron cambiar mi vida. Seré breve. Nací en un pueblito que pertenece a Lombardía, Italia. Yo no recuerdo aquel lugar, pues, cuando tenía unos cinco años, mis padres, vendedores ambulante, se mataron en un accidente de coche, yo me salvé, gracias a los bultos de ropas que me protegieron. Autor Lola Román y Barea.
Work type Literary: Other
Tags antología poética, otros., sonetos, fábulas, relatos, cuentos

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Identifier 1708153294251
Entry date Aug 15, 2017, 3:04 PM UTC
License Creative Commons Attribution 4.0

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Author. Holder Lola Barea Barrera. Date Aug 15, 2017.


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