About the work
Parte ochode la novela: "Flor y música para el funeral de Elisa". Novela llena de emoción, intriga , amor y suspense.
Las Ramblas de Barcelona, cuatro menos diez de la tarde.
Genoveva estaba esperando en el puesto de flores, donde había quedado con Fabrizia. Unos minutos más tardes llegó la italiana, se saludó con su amiga, y se puso a llamar al propietario del apartamento, en ese preciso momento, llegó un hombre, de unos sesenta años, con aspecto de hacer deportes.
“Me llamo Damián”, se presentó el hombre.
“Soy Fabrizia, que tal”.
”Yo Genoveva, encantada”.
“El apartamento está a diez minutos de aquí andando”.
“Sin problemas, nos gusta caminar,” contestó Fabrizia sonriendo.
“¿Os puedo preguntar de dónde sois?, bueno, usted se le nota un pequeño acento italiano”, afirmó el hombre.
“Soy italiana, pero llevo muchos años en España, y me gusta vivir aquí”.
“Yo soy de un pueblo del sur de España”, dijo Genoveva.
“Pues yo soy de Zaragoza, pero llevo toda mi vida en Cataluña”
Las dos mujeres y el hombre llegaron al edificio, donde estaba el apartamento.
“Es un edificio antiguo pero muy cuidado, lo mejor que tiene este edifico, sus vecinos. No lo alquilo a cualquiera”, dijo el hombre mientras abría el portal. La entrada era muy amplia. El suelo de mármol color crema, las paredes blancas y con espejos. El ascensor era nuevo, se detuvo en la tercera planta, el rellano estaba muy iluminado.
“La puerta es blindada”, dijo Damián mientras la abría.
“Eso está muy bien”, contestó Genoveva. En el recibidor había dos puertas, por una se entraba al salón, en el salón estaba la cocina americana y un pequeño balcón. La otra puerta era la del pasillo, donde había tres puertas más, la de los dos dormitorios y la del baño, los suelos eran de parquet oscuro.
“Bueno, esto es lo que hay, su precio ya lo hablamos por teléfono. Son quinientos euros, la luz y el agua es aparte”, dijo el dueño del apartamento. Fabrizia y Genoveva se miraron.
“A mí me gusta”, dijo Fabrizia.
“Me gusta la zona, el apartamento, y el precio es justo”, dijo Genoveva.
“Los electrodomésticos son nuevos, el piso está equipado con todo lo necesario”, recalcó el hombre.
“Nos lo quedamos”, dijeron las dos mujeres.
“El contrato lo traigo preparado para firmar, serian mil euros, quinientos quedaran de fondo”, dijo el hombre.
“Hasta el lunes no puedo hacer el ingreso”, dijo Fabrizia.
“Yo traigo el dinero”, dijo Genoveva sacó los mil euros del bolso.
Las dos mujeres firmaron el contrato de alquiler, entregaron el dinero y Damián les entregó las llaves.
“Si me necesitáis, sabéis donde encontrarme, por las mañanas estoy en la gestoría y por la tarde mi hermana. También os he apuntado mi número de teléfono en el contrato.
“Todo está perfecto, gracias”, contestó Fabrizia.
“Gracias por todo”, dijo Genoveva.
Gracias a vosotras”, se despidió el hombre.
Cuando Damián se había ido y las dos mujeres quedaron a solas en el apartamento, dieron un salto y a la vez un grito de vitoria. Se fueron cada una a un dormitorio, luego salieron al pasillo y riendo decían.
“¡Me pido este!” gritó Fabrizia.
¡Yo me pido este!” gritó Genoveva.
Las dos se fueron corriendo al salón, tocándolo todo, probándolo todo. Como dos niñas con sus mejores reyes.
“Esta noche nos quedamos aquí”, dijo Genoveva.
“Mañana es domingo y tenemos todo el día para la mudanza”, dijo Fabrizia.
“Solo tenemos que traer dos maletas y dos bolsos” contestó Genoveva.
“Dos maletas que están vacías, las cosas están esparcidas por la habitación, hay que recogerlas”, dijo Fabrizia.
“Tienes razón, estás cansada, mañana temprano traeremos nuestras cosas”, dijo Genoveva.
Las dos mujeres salieron del apartamento. Cerraron la puerta y pusieron rumbo al hostal.
Jorge, el camarero, estaba preparando las mesas para la cena.
“Hola Jorge, ¿y Montse dónde está?”
“Creo que está en la cocina”.
Montserrat salió de la cocina.
Hola chicas, ¿qué tal ha ido todo?
Genoveva sacó las llaves del apartamento, y las balanceó en el aire, a la vez que sonreía. Montse, no necesitó palabras, para saber que todo había ido bien. Las tres mujeres y ya amigas se abrazaron feliz.
“Aunque me da pena que os valláis, pero me alegro por vosotras, y hay que celebrarlo vuestros triunfos conseguido”, dijo Montse emocionada.
“Después de cenar salgamos a tomar unas copas”, propuso Fabrizia.
“Yo a las diez he terminado en la cocina, Jorge se encargará del resto”, dijo Montse.
“Pues no se hable más y pongámonos en marcha”, dijo Fabrizia feliz.
Eran las once menos cuarto, cuando las tres mujeres iban en un taxi camino al centro.
“Montse será nuestra guía”, dijo Fabrizia riendo.
“¿Y dónde nos vas a llevar Montse? Preguntó risueña Genoveva.
“A un lugar donde no existen las penas”, contestó riéndose.
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Title PARTE OCHO DE LA NOVELA
Parte ochode la novela: "Flor y música para el funeral de Elisa". Novela llena de emoción, intriga , amor y suspense.
Las Ramblas de Barcelona, cuatro menos diez de la tarde.
Genoveva estaba esperando en el puesto de flores, donde había quedado con Fabrizia. Unos minutos más tardes llegó la italiana, se saludó con su amiga, y se puso a llamar al propietario del apartamento, en ese preciso momento, llegó un hombre, de unos sesenta años, con aspecto de hacer deportes.
“Me llamo Damián”, se presentó el hombre.
“Soy Fabrizia, que tal”.
”Yo Genoveva, encantada”.
“El apartamento está a diez minutos de aquí andando”.
“Sin problemas, nos gusta caminar,” contestó Fabrizia sonriendo.
“¿Os puedo preguntar de dónde sois?, bueno, usted se le nota un pequeño acento italiano”, afirmó el hombre.
“Soy italiana, pero llevo muchos años en España, y me gusta vivir aquí”.
“Yo soy de un pueblo del sur de España”, dijo Genoveva.
“Pues yo soy de Zaragoza, pero llevo toda mi vida en Cataluña”
Las dos mujeres y el hombre llegaron al edificio, donde estaba el apartamento.
“Es un edificio antiguo pero muy cuidado, lo mejor que tiene este edifico, sus vecinos. No lo alquilo a cualquiera”, dijo el hombre mientras abría el portal. La entrada era muy amplia. El suelo de mármol color crema, las paredes blancas y con espejos. El ascensor era nuevo, se detuvo en la tercera planta, el rellano estaba muy iluminado.
“La puerta es blindada”, dijo Damián mientras la abría.
“Eso está muy bien”, contestó Genoveva. En el recibidor había dos puertas, por una se entraba al salón, en el salón estaba la cocina americana y un pequeño balcón. La otra puerta era la del pasillo, donde había tres puertas más, la de los dos dormitorios y la del baño, los suelos eran de parquet oscuro.
“Bueno, esto es lo que hay, su precio ya lo hablamos por teléfono. Son quinientos euros, la luz y el agua es aparte”, dijo el dueño del apartamento. Fabrizia y Genoveva se miraron.
“A mí me gusta”, dijo Fabrizia.
“Me gusta la zona, el apartamento, y el precio es justo”, dijo Genoveva.
“Los electrodomésticos son nuevos, el piso está equipado con todo lo necesario”, recalcó el hombre.
“Nos lo quedamos”, dijeron las dos mujeres.
“El contrato lo traigo preparado para firmar, serian mil euros, quinientos quedaran de fondo”, dijo el hombre.
“Hasta el lunes no puedo hacer el ingreso”, dijo Fabrizia.
“Yo traigo el dinero”, dijo Genoveva sacó los mil euros del bolso.
Las dos mujeres firmaron el contrato de alquiler, entregaron el dinero y Damián les entregó las llaves.
“Si me necesitáis, sabéis donde encontrarme, por las mañanas estoy en la gestoría y por la tarde mi hermana. También os he apuntado mi número de teléfono en el contrato.
“Todo está perfecto, gracias”, contestó Fabrizia.
“Gracias por todo”, dijo Genoveva.
Gracias a vosotras”, se despidió el hombre.
Cuando Damián se había ido y las dos mujeres quedaron a solas en el apartamento, dieron un salto y a la vez un grito de vitoria. Se fueron cada una a un dormitorio, luego salieron al pasillo y riendo decían.
“¡Me pido este!” gritó Fabrizia.
¡Yo me pido este!” gritó Genoveva.
Las dos se fueron corriendo al salón, tocándolo todo, probándolo todo. Como dos niñas con sus mejores reyes.
“Esta noche nos quedamos aquí”, dijo Genoveva.
“Mañana es domingo y tenemos todo el día para la mudanza”, dijo Fabrizia.
“Solo tenemos que traer dos maletas y dos bolsos” contestó Genoveva.
“Dos maletas que están vacías, las cosas están esparcidas por la habitación, hay que recogerlas”, dijo Fabrizia.
“Tienes razón, estás cansada, mañana temprano traeremos nuestras cosas”, dijo Genoveva.
Las dos mujeres salieron del apartamento. Cerraron la puerta y pusieron rumbo al hostal.
Jorge, el camarero, estaba preparando las mesas para la cena.
“Hola Jorge, ¿y Montse dónde está?”
“Creo que está en la cocina”.
Montserrat salió de la cocina.
Hola chicas, ¿qué tal ha ido todo?
Genoveva sacó las llaves del apartamento, y las balanceó en el aire, a la vez que sonreía. Montse, no necesitó palabras, para saber que todo había ido bien. Las tres mujeres y ya amigas se abrazaron feliz.
“Aunque me da pena que os valláis, pero me alegro por vosotras, y hay que celebrarlo vuestros triunfos conseguido”, dijo Montse emocionada.
“Después de cenar salgamos a tomar unas copas”, propuso Fabrizia.
“Yo a las diez he terminado en la cocina, Jorge se encargará del resto”, dijo Montse.
“Pues no se hable más y pongámonos en marcha”, dijo Fabrizia feliz.
Eran las once menos cuarto, cuando las tres mujeres iban en un taxi camino al centro.
“Montse será nuestra guía”, dijo Fabrizia riendo.
“¿Y dónde nos vas a llevar Montse? Preguntó risueña Genoveva.
“A un lugar donde no existen las penas”, contestó riéndose.
Work type Literary: Other
Tags otros., antología poética, relatos, sonetos, cuentos, fábulas
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Registry info in Safe Creative
Identifier 1708153294107
Entry date Aug 15, 2017, 2:18 PM UTC
License Creative Commons Attribution 4.0
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Copyright registered declarations
Author. Holder Lola Barea Barrera. Date Aug 15, 2017.
Information available at https://www.safecreative.org/work/1708153294107-parte-ocho-de-la-novela