"Mi psiquiatra va a matarme" Novela, cuarta parte.
08/07/2017
1708073245142

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Cuarta parte de la novela: "Flor y música para el funeral de Elisa". Novela llena de emoción, intriga , amor y suspense .

Seis de la mañana de abril de 2006.
Un taxi llevó a las dos mujeres hasta el aeropuerto. Cogieron el vuelo desde Málaga a Barcelona. Una vez allí, se dirigieron a un hostal, alquilaron una habitación con dos camas pequeñas. Genoveva abrió su maleta y empezó a colocar sus cosas a un lado del diminuto armario.
Fabrizia llamó por teléfono al encargado del supermercado, para comunicarle que ya estaba en la ciudad, y dispuesta para su incorporación a su trabajo.

“Mañana empiezo en mi nuevo trabajo”.
“Muy bien Fabrizia”.
“Le hablaré a mi jefe de ti, a ver si puedes trabajar en el supermercado.
“Sí”, le contestó triste Genoveva.
“Anímate mujer, todo va a salir bien, desde ahora empezamos una nueva vida. Sé que para ti no es fácil, siempre has vivido en el pueblo. Tú eres fuerte Genoveva, y olvidará a ese, innombrable”.
“No estoy triste por Hermes. Estoy triste por todo aquello que lucharon mis abuelos y mis padres, y yo, no he sabido defenderlo”.
“Tus padres estarían de acuerdo con la decisión que has tomado. Ya dejemos de hablar del pasado, y concentrémonos en el presente”.
“Tienes razón Fabrizia. Buenas noches”.
Aquella noche Genoveva apenas durmió. Notaba todo tan extraño. Intentó no hacer ruido para no despertar a su amiga, ésta empezaba a trabajar temprano.

Genoveva despertó sobresaltada, miró a su alrededor, no había nadie. Fabrizia se había ido a su trabajo. Vio una nota en la mesita de noche, recostada en la lámpara.
>Genoveva, cuando despiertes, baja y desayunas en la pensión, o mejor, vas a una cafetería de los alrededores, y ya me contarás como es nuestro nuevo barrio<
A Fabrizia le preocupaba el estado de su amiga, estaba sumergida en una depresión, sin dudas.

Lo que menos le apetecía a Genoveva era bajar, tan poco quería defraudar a su amiga. Se dio una ducha y bajó.
La cafetería del hostal era pequeña, acogedora y tranquila.
Genoveva buscó con su mirada una mesa para sentarse. No había muchas mesas donde escoger. Se sentó en una apartada de la puerta de la calle. Desde allí, veía a una pareja ya mayores, él ojeaba el periódico, ella recogía las migajas de pan de la mesa, y las iba echando en una taza de café vacía.
La dueña, Montserrat, una simpática mujer, se acercó a la mesa donde estaba sentada Genoveva.
-Bon día, buenos días, me llamo Montse.
Buenos días Montse, yo me llamo Genoveva.
-Encantada de conocerla, Genoveva, ¿qué le sirvo?
-Un café con leche, por favor.
-Muy bien, ¿algo para comer, tostadas, cruasán?
-No, solo el café, gracias Montse.
Genoveva se tomó su café y se fue para la habitación. Se tumbó en la cama y pensó. Su actitud no era la correcta para salir adelante. Bajó de nuevo, buscó a Montse.
“Montse, le voy a pedir un favor. Necesito trabajar. Yo se cocinar, limpiar, de cajera, dependienta, o lo que sea. ¿Sabe usted de algún trabajo?”
“Ahora mismo no, pero no se preocupe, lo voy a tener en cuenta, si me entero de algún trabajo descuide que yo le aviso”.
“Gracias, Montserrat”.
Genoveva salió a la calle, caminaba sin ir a ninguna parte, solo con la intención de tomar aire y espabilar un poco su mente. Después de dos horas en la calle decidió volver al hostal.
Cuando llegó al hostal, había un delicioso olor a estofado, que le recordó que tenía hambre.
“En un cuarto de hora estará la comida”, escuchó la voz que venía de la cocina. Era la voz de la señora Montse.
“Voy a subir a la habitación y enseguida vuelvo”.
Genoveva entró en la habitación, abrió la ventana para que se ventilase, se cambió de zapatos y bajó para comer algo. Genoveva se sentó en la misma mesa que estuvo por la mañana. Un joven camarero se le acercó para preguntarle que iba a tomar y comer. Genoveva pidió cerveza sin alcohol y estofado. El chico le trajo la cerveza y un cestito con el pan y los cubiertos. El plato de estofado se lo sirvió Montse.
Después de comer Genoveva se volvió a la habitación. Le dio alegría cuando escuchó entrar a Fabrizia.
“Hola Genoveva, ya estoy aquí”
“Hola Fabrizia, ¿cómo te ha ido?”
“Muy bien, mucho trabajo, pero muy bien. Me doy una ducha y después te cuento, y tú también me cuentas que tal has pasado la mañana”
Autor: Lola Barea.

Literary: Other
fábulas
cuentos
relatos
otros.
antología poética
sonetos

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Lola Barea Barrera
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Title "Mi psiquiatra va a matarme" Novela, cuarta parte.
Cuarta parte de la novela: "Flor y música para el funeral de Elisa". Novela llena de emoción, intriga , amor y suspense .

Seis de la mañana de abril de 2006.
Un taxi llevó a las dos mujeres hasta el aeropuerto. Cogieron el vuelo desde Málaga a Barcelona. Una vez allí, se dirigieron a un hostal, alquilaron una habitación con dos camas pequeñas. Genoveva abrió su maleta y empezó a colocar sus cosas a un lado del diminuto armario.
Fabrizia llamó por teléfono al encargado del supermercado, para comunicarle que ya estaba en la ciudad, y dispuesta para su incorporación a su trabajo.

“Mañana empiezo en mi nuevo trabajo”.
“Muy bien Fabrizia”.
“Le hablaré a mi jefe de ti, a ver si puedes trabajar en el supermercado.
“Sí”, le contestó triste Genoveva.
“Anímate mujer, todo va a salir bien, desde ahora empezamos una nueva vida. Sé que para ti no es fácil, siempre has vivido en el pueblo. Tú eres fuerte Genoveva, y olvidará a ese, innombrable”.
“No estoy triste por Hermes. Estoy triste por todo aquello que lucharon mis abuelos y mis padres, y yo, no he sabido defenderlo”.
“Tus padres estarían de acuerdo con la decisión que has tomado. Ya dejemos de hablar del pasado, y concentrémonos en el presente”.
“Tienes razón Fabrizia. Buenas noches”.
Aquella noche Genoveva apenas durmió. Notaba todo tan extraño. Intentó no hacer ruido para no despertar a su amiga, ésta empezaba a trabajar temprano.

Genoveva despertó sobresaltada, miró a su alrededor, no había nadie. Fabrizia se había ido a su trabajo. Vio una nota en la mesita de noche, recostada en la lámpara.
>Genoveva, cuando despiertes, baja y desayunas en la pensión, o mejor, vas a una cafetería de los alrededores, y ya me contarás como es nuestro nuevo barrio<
A Fabrizia le preocupaba el estado de su amiga, estaba sumergida en una depresión, sin dudas.

Lo que menos le apetecía a Genoveva era bajar, tan poco quería defraudar a su amiga. Se dio una ducha y bajó.
La cafetería del hostal era pequeña, acogedora y tranquila.
Genoveva buscó con su mirada una mesa para sentarse. No había muchas mesas donde escoger. Se sentó en una apartada de la puerta de la calle. Desde allí, veía a una pareja ya mayores, él ojeaba el periódico, ella recogía las migajas de pan de la mesa, y las iba echando en una taza de café vacía.
La dueña, Montserrat, una simpática mujer, se acercó a la mesa donde estaba sentada Genoveva.
-Bon día, buenos días, me llamo Montse.
Buenos días Montse, yo me llamo Genoveva.
-Encantada de conocerla, Genoveva, ¿qué le sirvo?
-Un café con leche, por favor.
-Muy bien, ¿algo para comer, tostadas, cruasán?
-No, solo el café, gracias Montse.
Genoveva se tomó su café y se fue para la habitación. Se tumbó en la cama y pensó. Su actitud no era la correcta para salir adelante. Bajó de nuevo, buscó a Montse.
“Montse, le voy a pedir un favor. Necesito trabajar. Yo se cocinar, limpiar, de cajera, dependienta, o lo que sea. ¿Sabe usted de algún trabajo?”
“Ahora mismo no, pero no se preocupe, lo voy a tener en cuenta, si me entero de algún trabajo descuide que yo le aviso”.
“Gracias, Montserrat”.
Genoveva salió a la calle, caminaba sin ir a ninguna parte, solo con la intención de tomar aire y espabilar un poco su mente. Después de dos horas en la calle decidió volver al hostal.
Cuando llegó al hostal, había un delicioso olor a estofado, que le recordó que tenía hambre.
“En un cuarto de hora estará la comida”, escuchó la voz que venía de la cocina. Era la voz de la señora Montse.
“Voy a subir a la habitación y enseguida vuelvo”.
Genoveva entró en la habitación, abrió la ventana para que se ventilase, se cambió de zapatos y bajó para comer algo. Genoveva se sentó en la misma mesa que estuvo por la mañana. Un joven camarero se le acercó para preguntarle que iba a tomar y comer. Genoveva pidió cerveza sin alcohol y estofado. El chico le trajo la cerveza y un cestito con el pan y los cubiertos. El plato de estofado se lo sirvió Montse.
Después de comer Genoveva se volvió a la habitación. Le dio alegría cuando escuchó entrar a Fabrizia.
“Hola Genoveva, ya estoy aquí”
“Hola Fabrizia, ¿cómo te ha ido?”
“Muy bien, mucho trabajo, pero muy bien. Me doy una ducha y después te cuento, y tú también me cuentas que tal has pasado la mañana”
Autor: Lola Barea.
Work type Literary: Other
Tags fábulas, cuentos, relatos, otros., antología poética, sonetos

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Identifier 1708073245142
Entry date Aug 7, 2017, 7:44 AM UTC
License Creative Commons Attribution 4.0

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Author. Holder Lola Barea Barrera. Date Aug 7, 2017.


Information available at https://www.safecreative.org/work/1708073245142-mi-psiquiatra-va-a-matarme-novela-cuarta-parte-
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