La Señorita Casilda Novela
07/25/2017
1707253139325

About the work

La bella Casilda de dieciséis años, de ojos azules, y cabellos dorados como el sol. Casilda era hija única de Baudelio, un viudo terrateniente español, poseedor de una finca en Andalucía, era dueño de varias casas de vecinos, las cuales, eran alquiladas a sus propios trabajadores. Jerano, hombre fiel, él se encargaba en ir a cobrar el alquiler a los campesinos, y de echarlos cuando las cosechas estaban terminadas, no antes de que dejasen las viviendas limpias, y las paredes encaladas con cal, preparadas para volver a ser habitadas, en las próximas siembras y recolectas.
Algunos de los campesinos se sentían privilegiados, al tener la oportunidad de quedarse todo el año, allí en aquellas casas pobres pero limpias, otros, maldecían e insultaban a Jerano, eres un perro rastrero al servicio de tu amo, un traidor con los pobres, todo está cambiando y puede ser que algún día te arrepientas.
Jerano solía decir, solo hago lo que me mandan, tengo mujer y un hijo, si ustedes tuviesen la oportunidad como yo, harían lo mismo.

España estaba revuelta, los pueblos y ciudades ya no eran seguros, en las calles se respiraba el miedo y la muerte.

Eran las ocho y media de la mañana de una calurosa primavera de 1936. Cuando Baudelio y su hija llegaron a la finca, Jerano y Teresa estaban esperando en la puerta del cortijo. Baudelio sabía que algo iba mal, al ver los rostros asustados de sus caseros.
Jerano muy alterado le comunicó a Baudelio, lo que había sucedido la tarde anterior en la finca. Teresa se secó las lágrimas con su delantal blanco, y se acercó hasta la joven para ayudarle a salir del coche.

¿Teresa, que ha pasado, por qué no ha salido tu hijo Victoriano a recibirnos?
Ay, señorita, ayer tarde llegaron unos hombres, se llevaron cosas de la casa y otras las rompieron. ¡Se llevaron a mi hijo Victoriano, y todavía no ha vuelto, tengo mucho miedo!
Casilda secó las lágrimas de la mujer, abrazándola después. No llores Teresa, Victoriano estará bien, no te preocupes papá se encargará de todo.
Teresa intento comportarse con normalidad. Gracias mi niña, te he arreglado tu habitación. Estarás cansada del viaje y hambrienta. No te preocupes por mí Teresa, todo el viaje lo he pasado durmiendo, estoy bien, dijo la chica.

Casilda subió a su habitación, todo estaba limpio y en su sitio. En pujó su cama hacía un lado, apartó la loza y se introdujo en el doble techo, del cual, salía un pequeño pasadizo, que conducía hasta la parte de atrás del cortijo. Abrió el cofre, allí estaban, las joyas de su madre, cien monedas de oro, y doscientas onzas de plata. Casilda se sobresaltó al escuchar que llamaban a la puerta. Salió de su refugio, puso la loza y la cama tal como estaba. Antes de abrir la puerta se mojó el cabello y se puso una toalla.
Era Teresa, perdone que le moleste señorita Casilda, el desayuno está servido, su padre me ha pedido que venga a buscarla, dice que tiene que hablar urgente con usted. Dígale a papá que no tardo, bajo en unos minutos.

Baudelio se había cambiado de ropa, ya de pie tomó el último sorbo de su café.
Casilda se sentó en la mesa del jardín. Teresa le sirvió el café con leche y el zumo de naranjas.
Casilda, hija, voy al pueblo, tengo que informarme de lo que ha pasado con Vitoriano, necesitamos saber de él. Jerano vendrá conmigo. Teresa, en tus manos dejo a mi hija, cuídala, por favor. No se preocupe señor, la cuidaré con mi propia vida.
Baudelio puso sus manos en los hombros de su hija. Casilda, os quedáis solas en la finca, cerrar todas las puertas y ventanas, hasta que nosotros volvamos, no abrir a nadie, si se les presenta algún peligro, tú sabes dónde están las armas, hazlo como yo te he enseñado a usarlas. A la más mínima duda, dispara a matar. En el escritorio de mi habitación, te he dejado una carta, la escribió tu madre, días antes de morir, creo que ha llegado el momento de que la tengas en tu poder.
Casilda se abrazó a su padre, y le dijo, vuelve papá, no me dejes como me dejó mamá.

Casilda se quedó de pie mirando cómo se alejaba el coche con los dos hombres. Teresa estaba a su lado en silencio, con los ojos llorosos. Ya no se veía el coche, solo una estela de polvo de la vereda levantado por el auto.
Teresa, entremos en casa y cerremos las puertas, desde el balcón de la primera planta se divisa toda la vereda, hasta se ve la alcáncela, dijo la joven.

Las dos mujeres se dieron prisa, recogieron la mesa del desayuno, seguido, entraron en la vivienda, cerrando tras de ellas la enorme puerta principal.
Casilda y Teresa se fueron al salón de la primera planta, empujaron un sillón hasta ponerlo delante del ventanal, desde allí verían si alguien se acercaba por la parte de adelante del cortijo.
También hay que vigilar por la parte de atrás de la casa, desde la habitación de papá se puede ver el carril que llega hasta el pozo, dijo la joven.
Casilda fue al despacho de su padre y cogió las dos mejores armas.

Continúa…

Autor Lola Barea.

Literary: Other
relatos
sonetos
otros.
antología poética
cuentos
fábulas

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Lola Barea Barrera
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Title La Señorita Casilda Novela
La bella Casilda de dieciséis años, de ojos azules, y cabellos dorados como el sol. Casilda era hija única de Baudelio, un viudo terrateniente español, poseedor de una finca en Andalucía, era dueño de varias casas de vecinos, las cuales, eran alquiladas a sus propios trabajadores. Jerano, hombre fiel, él se encargaba en ir a cobrar el alquiler a los campesinos, y de echarlos cuando las cosechas estaban terminadas, no antes de que dejasen las viviendas limpias, y las paredes encaladas con cal, preparadas para volver a ser habitadas, en las próximas siembras y recolectas.
Algunos de los campesinos se sentían privilegiados, al tener la oportunidad de quedarse todo el año, allí en aquellas casas pobres pero limpias, otros, maldecían e insultaban a Jerano, eres un perro rastrero al servicio de tu amo, un traidor con los pobres, todo está cambiando y puede ser que algún día te arrepientas.
Jerano solía decir, solo hago lo que me mandan, tengo mujer y un hijo, si ustedes tuviesen la oportunidad como yo, harían lo mismo.

España estaba revuelta, los pueblos y ciudades ya no eran seguros, en las calles se respiraba el miedo y la muerte.

Eran las ocho y media de la mañana de una calurosa primavera de 1936. Cuando Baudelio y su hija llegaron a la finca, Jerano y Teresa estaban esperando en la puerta del cortijo. Baudelio sabía que algo iba mal, al ver los rostros asustados de sus caseros.
Jerano muy alterado le comunicó a Baudelio, lo que había sucedido la tarde anterior en la finca. Teresa se secó las lágrimas con su delantal blanco, y se acercó hasta la joven para ayudarle a salir del coche.

¿Teresa, que ha pasado, por qué no ha salido tu hijo Victoriano a recibirnos?
Ay, señorita, ayer tarde llegaron unos hombres, se llevaron cosas de la casa y otras las rompieron. ¡Se llevaron a mi hijo Victoriano, y todavía no ha vuelto, tengo mucho miedo!
Casilda secó las lágrimas de la mujer, abrazándola después. No llores Teresa, Victoriano estará bien, no te preocupes papá se encargará de todo.
Teresa intento comportarse con normalidad. Gracias mi niña, te he arreglado tu habitación. Estarás cansada del viaje y hambrienta. No te preocupes por mí Teresa, todo el viaje lo he pasado durmiendo, estoy bien, dijo la chica.

Casilda subió a su habitación, todo estaba limpio y en su sitio. En pujó su cama hacía un lado, apartó la loza y se introdujo en el doble techo, del cual, salía un pequeño pasadizo, que conducía hasta la parte de atrás del cortijo. Abrió el cofre, allí estaban, las joyas de su madre, cien monedas de oro, y doscientas onzas de plata. Casilda se sobresaltó al escuchar que llamaban a la puerta. Salió de su refugio, puso la loza y la cama tal como estaba. Antes de abrir la puerta se mojó el cabello y se puso una toalla.
Era Teresa, perdone que le moleste señorita Casilda, el desayuno está servido, su padre me ha pedido que venga a buscarla, dice que tiene que hablar urgente con usted. Dígale a papá que no tardo, bajo en unos minutos.

Baudelio se había cambiado de ropa, ya de pie tomó el último sorbo de su café.
Casilda se sentó en la mesa del jardín. Teresa le sirvió el café con leche y el zumo de naranjas.
Casilda, hija, voy al pueblo, tengo que informarme de lo que ha pasado con Vitoriano, necesitamos saber de él. Jerano vendrá conmigo. Teresa, en tus manos dejo a mi hija, cuídala, por favor. No se preocupe señor, la cuidaré con mi propia vida.
Baudelio puso sus manos en los hombros de su hija. Casilda, os quedáis solas en la finca, cerrar todas las puertas y ventanas, hasta que nosotros volvamos, no abrir a nadie, si se les presenta algún peligro, tú sabes dónde están las armas, hazlo como yo te he enseñado a usarlas. A la más mínima duda, dispara a matar. En el escritorio de mi habitación, te he dejado una carta, la escribió tu madre, días antes de morir, creo que ha llegado el momento de que la tengas en tu poder.
Casilda se abrazó a su padre, y le dijo, vuelve papá, no me dejes como me dejó mamá.

Casilda se quedó de pie mirando cómo se alejaba el coche con los dos hombres. Teresa estaba a su lado en silencio, con los ojos llorosos. Ya no se veía el coche, solo una estela de polvo de la vereda levantado por el auto.
Teresa, entremos en casa y cerremos las puertas, desde el balcón de la primera planta se divisa toda la vereda, hasta se ve la alcáncela, dijo la joven.

Las dos mujeres se dieron prisa, recogieron la mesa del desayuno, seguido, entraron en la vivienda, cerrando tras de ellas la enorme puerta principal.
Casilda y Teresa se fueron al salón de la primera planta, empujaron un sillón hasta ponerlo delante del ventanal, desde allí verían si alguien se acercaba por la parte de adelante del cortijo.
También hay que vigilar por la parte de atrás de la casa, desde la habitación de papá se puede ver el carril que llega hasta el pozo, dijo la joven.
Casilda fue al despacho de su padre y cogió las dos mejores armas.

Continúa…

Autor Lola Barea.
Work type Literary: Other
Tags relatos, sonetos, otros., antología poética, cuentos, fábulas

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Identifier 1707253139325
Entry date Jul 25, 2017, 10:22 PM UTC
License Creative Commons Attribution 4.0

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Author. Holder Lola Barea Barrera. Date Jul 25, 2017.


Information available at https://www.safecreative.org/work/1707253139325-la-senorita-casilda-novela
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