Después de tu muerte.

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Ya ha pasado un tiempo desde la última vez que te vi. Quisiera ya no pensar en ti, pero es imposible. Tú siempre estás en mi cabeza. Y yo siempre estoy recordándote.
Todo el mundo me dice que debo superarte, finalmente dejarte ir. Es más fácil decirlo que hacerlo, ¿Sabes? Olvidar es más sencillo. Recordar es lo que está acabando conmigo.
La lluvia cae mientras te escribo esto. Como cuando te conocí, como el día que te fuiste. Estoy segura de que amarías este momento. El cielo gris, el clima frío, las gotas cayendo mientras uno las observa. Las condiciones perfectas para hacer una pintura, o al menos serían perfectas para ti.
Recuerdo cuando te conocí. Ese día llegué tarde a clases. Era mi primer día, y mis padres habían insistido en llevarme en un momento tan trascendente como ese. No podía decirles que no. Estudiar artes siempre fue mi mayor sueño. Fueron mis padres quienes me convencieron de estudiar en la Real Academia. Yo, una chica de Lightwater viviendo su sueño en Londres, ¡No lo podía creer! Y tampoco podía creer que estaba llegando tarde a mi gran sueño.
Fue un caos llegar hasta Piccadilly Circus. El metro de Londres se vuelve caótico en los días lluviosos. Tuvimos que emprender una carrera a toda velocidad para llegar a la Academia. Me despedí apresuradamente de mis padres, y esperé alcanzar a llegar a la primera clase.
Después de perderme buscando el salón indicado, encontré mi clase. El profesor Stevenson me miró disgustado. Le prometí que no volvería a llegar tarde, y así lo hice. Tomé el único asiento disponible, que era justamente a lado tuyo.
Me miraste de reojo varias veces durante la clase. Creías que no lo noté, pero no fue así. Traté de no reírme de lo inocente que te veías. Tenías un aire misterioso, y tenías tu encanto, eso no te lo niego. Y en uno de tus descuidos, hicimos contacto.
Lo vi en tus ojos. Desde la primera vez que nos conocimos, lo pude ver. Más allá de tu rostro, de tu sonrisa escondida, y de tu corazón de acero. Detrás de ese aire de misterio y antipatía. Aún más oculto en tu talento para crear escenarios.
Tenías esa chispa, esa curiosidad por saber más. Ese espíritu inquieto, y también la timidez que tenías fueron las cosas que más me gustaron de ti.
Pero estabas roto, Daniel. Lo veía en tus ojos melancólicos y distantes. Esperaba, deseaba cambiar eso, pero sabía que era en vano. Ahora no estás, y no sabes cómo me duele eso.

Narrative, Essay
secuela
recuerdos de un hombre muerto
romance
epístola

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David Núñez
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Title Después de tu muerte.
Ya ha pasado un tiempo desde la última vez que te vi. Quisiera ya no pensar en ti, pero es imposible. Tú siempre estás en mi cabeza. Y yo siempre estoy recordándote.
Todo el mundo me dice que debo superarte, finalmente dejarte ir. Es más fácil decirlo que hacerlo, ¿Sabes? Olvidar es más sencillo. Recordar es lo que está acabando conmigo.
La lluvia cae mientras te escribo esto. Como cuando te conocí, como el día que te fuiste. Estoy segura de que amarías este momento. El cielo gris, el clima frío, las gotas cayendo mientras uno las observa. Las condiciones perfectas para hacer una pintura, o al menos serían perfectas para ti.
Recuerdo cuando te conocí. Ese día llegué tarde a clases. Era mi primer día, y mis padres habían insistido en llevarme en un momento tan trascendente como ese. No podía decirles que no. Estudiar artes siempre fue mi mayor sueño. Fueron mis padres quienes me convencieron de estudiar en la Real Academia. Yo, una chica de Lightwater viviendo su sueño en Londres, ¡No lo podía creer! Y tampoco podía creer que estaba llegando tarde a mi gran sueño.
Fue un caos llegar hasta Piccadilly Circus. El metro de Londres se vuelve caótico en los días lluviosos. Tuvimos que emprender una carrera a toda velocidad para llegar a la Academia. Me despedí apresuradamente de mis padres, y esperé alcanzar a llegar a la primera clase.
Después de perderme buscando el salón indicado, encontré mi clase. El profesor Stevenson me miró disgustado. Le prometí que no volvería a llegar tarde, y así lo hice. Tomé el único asiento disponible, que era justamente a lado tuyo.
Me miraste de reojo varias veces durante la clase. Creías que no lo noté, pero no fue así. Traté de no reírme de lo inocente que te veías. Tenías un aire misterioso, y tenías tu encanto, eso no te lo niego. Y en uno de tus descuidos, hicimos contacto.
Lo vi en tus ojos. Desde la primera vez que nos conocimos, lo pude ver. Más allá de tu rostro, de tu sonrisa escondida, y de tu corazón de acero. Detrás de ese aire de misterio y antipatía. Aún más oculto en tu talento para crear escenarios.
Tenías esa chispa, esa curiosidad por saber más. Ese espíritu inquieto, y también la timidez que tenías fueron las cosas que más me gustaron de ti.
Pero estabas roto, Daniel. Lo veía en tus ojos melancólicos y distantes. Esperaba, deseaba cambiar eso, pero sabía que era en vano. Ahora no estás, y no sabes cómo me duele eso.
Work type Narrative, Essay
Tags secuela, recuerdos de un hombre muerto, romance, epístola

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Identifier 1703281266149
Entry date Mar 28, 2017, 2:13 AM UTC
License Creative Commons Attribution-NoDerivatives 4.0

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Author. Holder David Núñez. Date Mar 28, 2017.


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