Las personas que me conocen saben que tengo unas cuantas manías (en petit comité solemos incluso llamarlas taras): soy una talibana de la ortografía hasta extremos enfermizos, no sé nadar (y no tengo ganas de aprender) y cada vez que escucho la palabra hacker para referirse a algo negativo, me sale sarpullido. Es por eso […]