Subir de nuevo a la habitación era su propósito. Cogidos de la mano y con las luces apagadas, sus cuerpos desnudos solo eran visibles por las luces de las farolas que entraban por la ventana. Ella reía mientras echaba la vista atrás para poder ver de nuevo aquellos ojos verdes. Él la seguía embelesado por sus curvas nocturnas.
Antes de llegar a su destino hicieron una parada. Abrazados se asomaron a esa cunita blanca donde descansaba el fruto de sus anhelos. Sonr