La tibia desnudez del árbol de la plaza acaricia mis manos al rozarlo van sus intensas raíces como ríos de silencio preparando soportes misteriosos bajo el suelo Se encumbra el tronco rústico y añejo en laberinto complejo y formidable y tiende sus ramas como venas pardas con la misma avidez de quien se bebe el cielo Duerme serena y callada la savia que lo habita multiplicando la espera en sueños de nostalgias y sueña entre rumores de mañanas con un romance fiel y eterno de flores y verano Tiene