Nada habría sucedido si el peine no hubiese estado allí. Ese maldito trozo de plástico amarillo lleno de marcas de dientes —porque todos mordemos nuestros peines—. El muy osado se escapó de su habitación dentro de mi cartera y corrió hasta acomodarse contra la mesita de luz. Por culpa de su irresponsabilidad, otras cosas escaparon […]