About the work
El mundo se ha convertido en un páramo sediento. Vivimos en un desierto. No se trata de un desierto físico, sino espiritual. El estado espiritual de nuestro mundo es sólo comparable a un desierto: árido, sin vida, desprovisto de frutos; donde sus moradores yacen de hambre y sed, ávidos de gozo y esperanza plenas.
Llevamos ya tanto tiempo en este desierto que las nuevas generaciones no tienen recuerdo alguno de lo que el mundo fue alguna vez. El ser humano se ha convencido de que el desierto es el mejor espacio para vivir.
Cada vez es más difícil vivir en el desierto. Sólo los más fuertes —en el espíritu— lo consiguen; los demás sólo ven cómo van pasando sus días, consumidos por el caos del sinsentido. Los espejismos de nuestro desierto son atrayentes, pero sus propuestas enajenan y enloquecen. Lo bueno parece malo y lo que nos daña se presenta como bueno.
El mundo se ha corrompido a falta de una espiritualidad que lo eleve. Pero muchos en el desierto ni siquiera logran darse cuenta de que están muriendo por dentro. El mundo se propuso vivir como si Dios no existiera y ya casi lo consigue. El resultado es este cataclismo humano que parece, en ocasiones, inevitable.
Con todo, este infortunado proceso de desertificación sí tiene solución. Es preciso volver a cultivar una elevada espiritualidad. Hace falta trascender las realidades de este desierto y aspirar a un modelo de vida superior, fundado en valores y hábitos sobrenaturales.
Para llegar a esto debemos aprender a optar por lo más alto. Debemos aspirar al grado más alto de desarrollo humano. El auténtico desarrollo humano sólo se alcanza por la vía del progreso espiritual. Sin progreso espiritual únicamente se experimenta retroceso y perversión. Nuestra búsqueda de sentido existencial debe ser una búsqueda de crecimiento espiritual.
El mundo será mejor en la medida en que haya más seres humanos plenos y bienaventurados, con una elevada espiritualidad. En medio del caos y la confusión que nos circunda, se escucha el grito esperanzador de quienes señalan con su vida la existencia de un horizonte distinto. Únete al número creciente de hombres y mujeres en el mundo que aspiran a alcanzar la consumación plena de su existencia, en contra de los dictados de este mundo. Pléyade de sabios que nadan contra corriente.
Ir contra de los postulados secularizantes de este desierto nos brinda una gran esperanza. La vía de solución para los males de nuestro desierto es aplicar una «terapia de contraste» a través del «profetismo de testimonio».
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Title Sembradores del Desierto
El mundo se ha convertido en un páramo sediento. Vivimos en un desierto. No se trata de un desierto físico, sino espiritual. El estado espiritual de nuestro mundo es sólo comparable a un desierto: árido, sin vida, desprovisto de frutos; donde sus moradores yacen de hambre y sed, ávidos de gozo y esperanza plenas.
Llevamos ya tanto tiempo en este desierto que las nuevas generaciones no tienen recuerdo alguno de lo que el mundo fue alguna vez. El ser humano se ha convencido de que el desierto es el mejor espacio para vivir.
Cada vez es más difícil vivir en el desierto. Sólo los más fuertes —en el espíritu— lo consiguen; los demás sólo ven cómo van pasando sus días, consumidos por el caos del sinsentido. Los espejismos de nuestro desierto son atrayentes, pero sus propuestas enajenan y enloquecen. Lo bueno parece malo y lo que nos daña se presenta como bueno.
El mundo se ha corrompido a falta de una espiritualidad que lo eleve. Pero muchos en el desierto ni siquiera logran darse cuenta de que están muriendo por dentro. El mundo se propuso vivir como si Dios no existiera y ya casi lo consigue. El resultado es este cataclismo humano que parece, en ocasiones, inevitable.
Con todo, este infortunado proceso de desertificación sí tiene solución. Es preciso volver a cultivar una elevada espiritualidad. Hace falta trascender las realidades de este desierto y aspirar a un modelo de vida superior, fundado en valores y hábitos sobrenaturales.
Para llegar a esto debemos aprender a optar por lo más alto. Debemos aspirar al grado más alto de desarrollo humano. El auténtico desarrollo humano sólo se alcanza por la vía del progreso espiritual. Sin progreso espiritual únicamente se experimenta retroceso y perversión. Nuestra búsqueda de sentido existencial debe ser una búsqueda de crecimiento espiritual.
El mundo será mejor en la medida en que haya más seres humanos plenos y bienaventurados, con una elevada espiritualidad. En medio del caos y la confusión que nos circunda, se escucha el grito esperanzador de quienes señalan con su vida la existencia de un horizonte distinto. Únete al número creciente de hombres y mujeres en el mundo que aspiran a alcanzar la consumación plena de su existencia, en contra de los dictados de este mundo. Pléyade de sabios que nadan contra corriente.
Ir contra de los postulados secularizantes de este desierto nos brinda una gran esperanza. La vía de solución para los males de nuestro desierto es aplicar una «terapia de contraste» a través del «profetismo de testimonio».
Work type Literary: Other
Tags catholic, life coaching, spirituality, self help
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Registry info in Safe Creative
Identifier 1509035072277
Entry date Sep 3, 2015, 12:00 AM UTC
License All rights reserved
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Copyright registered declarations
Author. Holder Servando Navarro Cuervo. Date Sep 3, 2015.
Information available at https://www.safecreative.org/work/1509035072277-sembradores-del-desierto