Cómo decir el miedo. Cómo escribirlo sin que la luna se rompa contra mi pupila.
Agua de amargos limones corrió como sangre y silencio. Animal devorador de luz que clava su garra en la negra covacha, en ese sexo tórrido que chorrea dolor. Lengua impregnada de espanto en el desorden de la muerte.
Y un ángel pidiéndome que no tiemble.
Y solo un ángel.