REBELDÍA Traían pedriscales de vocablos en las manos y tiraban a dar contra sus hombros;
al maizal que se acunaba en su frente;
al torrente de su pecho conducido en caz por la garganta;
a la voz destilada entre sus labios como gota de almíbar que descuelga el cráter, la raja abierta de la fruta ya madura.
Le ataron al silencio y bebieron de su angustia hasta doblegarle el grito, hasta tejer con él cuerdas de mutismo.
Pero olvidaron sus ojos.
Y ellos nacie