El Bosque encantado de algún lugar de Buenos Aires
08/08/2014
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About the work

El Bosque encantado de algún lugar de Buenos Aires, es un cuento de fantasía creado por Nora Mabel Armada Cano

Los duendes habitan en cuentos llenos de fantasía e imaginación. Ellos tienen mucho interés por nosotros, gran curiosidad, y cualquiera que en su hogar encuentre que le faltan pequeñas cosas, puede atribuirlas a esos seres pequeñitos que desearíamos ver.

Donde vivo, para llegar al pueblo, al que acudimos para provisiones, hay una senda en el bosque, por la que si vamos despacito y observando cuanta piedra esté en el camino, podremos verlos, ya que se cuenta que esos seres pequeñitos (gnomos, duendes, hadas) habitan en ese bosque encantado y suelen estar muy próximos a nosotros.
Con mi hermano Diego siempre quisimos tener entre nuestros amigos a un duende. En el camino siempre nos atrasábamos adrede del grupo para ver si así lográbamos que aparecieran.

Una tarde logramos alejarnos, pero cuando nos dimos cuenta, la senda se desdibujó y, por más que tomados de la mano, nos infundíamos ánimo, el cielo despacito oscurecía. ¡Oh!, y ahora sentimos un revoloteo como de alas —¡qué miedo! —, entonces detrás de un hongo aparece una cabecita que nos sonríe, la rodeaban hadas con luces magnificas, se elevaban y descendían —¡qué bellas!—, y con zapatitos de cristal luminosos. Tratamos de intercambiar palabras, pero era como si nos entendieran y señalaron el camino. Ya más tranquilos y viendo luces a la distancia, el miedo desapareció y esa experiencia fue maravillosa, anidaba en nuestro corazón.

Así que a partir de ese momento, Diego y yo compartíamos el más maravilloso secreto y solo pensábamos cuándo se produciría un nuevo encuentro. Todos los días nos acercábamos al bosque, procurando observar detrás de una flor o piedra o en la raíz de un árbol añoso, si esas diminutas figuritas hacían su aparición. Fuimos muchos días, y ya con pena por no verlos, regresábamos y oímos “tuc pic”. Nos habían contado que los duendes eran los zapateros de las hadas, así que podrían ser ellos, pero cómo los llamábamos.

Recordamos un comentario que si algo de la casa no aparecía, eso les gustaba.
Como papá siempre se quejaba de que a veces le parecía que faltaba algo de su rico licor, decidimos llevar un recipiente con este, lo colocamos sobre la raíz de un tronco muy grande y nos ocultamos. En un abrir y cerrar de ojos, ya no estaba, pero sí se escuchaba el repiquetear del martillo, que daba un sonido especial. Ellos no aparecieron, tratamos de averiguar, con disimulo qué otra cosas podría gustarle y mamá nos dijo que las galletitas, no estaban donde ella las colocaba. Así que cuando mamá las horneo, corrimos al bosque a llevar una caja y las colocamos en el mismo lugar, pero nuevamente, sin poder ver cómo desaparecieron.
Muy desilusionados volvíamos y casi al llegar a casa vimos al lado del camino dos reflejos luminosos, unos zapatitos de cristal y cuencas preciosas. Otro gran secreto nos unía, porque para conservar la amistad de duendes y hadas hay que respetar lo que ellos quieren, que no se sepa de su presencia
Así que ellos recibían nuestros regalitos y permitían que su sonido y el revolotear de las alas de las hadas, nos iluminen. Hacíamos rondas, y nosotros cantábamos, embargados de alegria.
Los vecinos nos preguntaban, porqué no nos integrábamos con otros chicos. Es que nuestro fantástico secreto no lo queríamos perder.

Así siempre continuó nuestra vida: llena de gozo y felicidad. Y a nuestros hijos les contábamos mágicas historias.

Existen, es verdad, pero hay que ser especial, para verlos: ellos te eligen.

Ya lo lograrás, ponlo en práctica y en el bosque encantado de tu jardín un duende dormirá.
Nora M. Armada Cano

Literary: Other
cuendo de duendes
cuento de hadas
cuentos para niños
cuentos infantiles

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Title El Bosque encantado de algún lugar de Buenos Aires
El Bosque encantado de algún lugar de Buenos Aires, es un cuento de fantasía creado por Nora Mabel Armada Cano

Los duendes habitan en cuentos llenos de fantasía e imaginación. Ellos tienen mucho interés por nosotros, gran curiosidad, y cualquiera que en su hogar encuentre que le faltan pequeñas cosas, puede atribuirlas a esos seres pequeñitos que desearíamos ver.

Donde vivo, para llegar al pueblo, al que acudimos para provisiones, hay una senda en el bosque, por la que si vamos despacito y observando cuanta piedra esté en el camino, podremos verlos, ya que se cuenta que esos seres pequeñitos (gnomos, duendes, hadas) habitan en ese bosque encantado y suelen estar muy próximos a nosotros.
Con mi hermano Diego siempre quisimos tener entre nuestros amigos a un duende. En el camino siempre nos atrasábamos adrede del grupo para ver si así lográbamos que aparecieran.

Una tarde logramos alejarnos, pero cuando nos dimos cuenta, la senda se desdibujó y, por más que tomados de la mano, nos infundíamos ánimo, el cielo despacito oscurecía. ¡Oh!, y ahora sentimos un revoloteo como de alas —¡qué miedo! —, entonces detrás de un hongo aparece una cabecita que nos sonríe, la rodeaban hadas con luces magnificas, se elevaban y descendían —¡qué bellas!—, y con zapatitos de cristal luminosos. Tratamos de intercambiar palabras, pero era como si nos entendieran y señalaron el camino. Ya más tranquilos y viendo luces a la distancia, el miedo desapareció y esa experiencia fue maravillosa, anidaba en nuestro corazón.

Así que a partir de ese momento, Diego y yo compartíamos el más maravilloso secreto y solo pensábamos cuándo se produciría un nuevo encuentro. Todos los días nos acercábamos al bosque, procurando observar detrás de una flor o piedra o en la raíz de un árbol añoso, si esas diminutas figuritas hacían su aparición. Fuimos muchos días, y ya con pena por no verlos, regresábamos y oímos “tuc pic”. Nos habían contado que los duendes eran los zapateros de las hadas, así que podrían ser ellos, pero cómo los llamábamos.

Recordamos un comentario que si algo de la casa no aparecía, eso les gustaba.
Como papá siempre se quejaba de que a veces le parecía que faltaba algo de su rico licor, decidimos llevar un recipiente con este, lo colocamos sobre la raíz de un tronco muy grande y nos ocultamos. En un abrir y cerrar de ojos, ya no estaba, pero sí se escuchaba el repiquetear del martillo, que daba un sonido especial. Ellos no aparecieron, tratamos de averiguar, con disimulo qué otra cosas podría gustarle y mamá nos dijo que las galletitas, no estaban donde ella las colocaba. Así que cuando mamá las horneo, corrimos al bosque a llevar una caja y las colocamos en el mismo lugar, pero nuevamente, sin poder ver cómo desaparecieron.
Muy desilusionados volvíamos y casi al llegar a casa vimos al lado del camino dos reflejos luminosos, unos zapatitos de cristal y cuencas preciosas. Otro gran secreto nos unía, porque para conservar la amistad de duendes y hadas hay que respetar lo que ellos quieren, que no se sepa de su presencia
Así que ellos recibían nuestros regalitos y permitían que su sonido y el revolotear de las alas de las hadas, nos iluminen. Hacíamos rondas, y nosotros cantábamos, embargados de alegria.
Los vecinos nos preguntaban, porqué no nos integrábamos con otros chicos. Es que nuestro fantástico secreto no lo queríamos perder.

Así siempre continuó nuestra vida: llena de gozo y felicidad. Y a nuestros hijos les contábamos mágicas historias.

Existen, es verdad, pero hay que ser especial, para verlos: ellos te eligen.

Ya lo lograrás, ponlo en práctica y en el bosque encantado de tu jardín un duende dormirá.
Nora M. Armada Cano
Work type Literary: Other
Tags cuendo de duendes, cuento de hadas, cuentos para niños, cuentos infantiles

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Identifier 1408081727264
Entry date Aug 8, 2014, 7:25 PM UTC
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