About the work
Cerremos los ojos, no es fá¬cil, pero por favor traten de hacerlo, no es imposible. Cerremos los ojos y pensemos en el color verde. Sí, sólo pensemos en el color verde. Imaginemonos un mundo verde claro, suave. ¬Escucharemos seguramente una agradable música, no sabremos distinguirla, pero seguro que es abrazadora, llevadera. A lo lejos aparecen pájaros con sus trinares, comienza a soplar una suave brisa, viene desde el mar, ese mar azul que a lo lejos se confunde con el cielo, alto y lejano.
Camino por un sendero al¬fombrado de flores de varia¬dos colores; no veo el final, pues cada tanto hay pequeñas curvas y los árboles a sus costados impiden ver a donde llegaré.Y sigo caminando, no me canso. Me siento bien, real¬mente bien, sano feliz y contento. ¿Contento? ¿Y porqué? ...¿Y porqué no? De pronto me percato de que estoy solo.
Miro hacia atrás y no veo na¬da. Miro para adelante, suspiro profunda¬mente y sin pensar excla¬mo: ¡Que lindo! ¡Estoy bien ! Pero estoy solo..... Siempre creí que no es lin¬do estar solo. No es acon-sejable; da que pensar el no tener amigos, no tener compañía, el no tener con quien hablar, con quien compartir, a quien amar.
Sigo caminando y de pronto sin haberme dado cuenta, sin haberlo visto des¬de lejos, el camino se bifur¬ca. Miro para a un lado y se ve un camino igual al recorrido, apacible, suave, como si diría: - ven atravesame- Miro al otro lado y veo lo mismo, otro camino, casi sin ninguna diferencia, detengo mi marcha y espero. No se cuanto tiempo pasa, quizás me adormezco, tal vez no. No sé. Y como si algui¬en me llevase, como un niño de la mano, empiezo nuevamente a caminar, dirigién¬dome al camino de la iz¬quierda, no se me ocurre mirar hacia atrás. Al poco tiempo, cuando lo hago, sin darme cuenta, pues sigo con la vista una bandada de pájaros, ya no me es posible distinguir el cruce y por supuesto el otro camino.
Pasan las horas, quizas días. Sigo caminando. No comí y no tengo hambre. No to¬me y tampoco estoy sediento. No estoy cansado, no ob¬stante no haber dormido. No siento nada, pero me siento bien. No sé donde estoy, pero me siento yo. Estoy tranquilo, no quiero nada, no necesito nada.
A lo lejos, un ciervo, bien entrado en años, a juzgar por sus enormes cuernos de marrón oscuro, casi negros, me mira sin moverse. A medida que me acerco, su mirada, directa a mis ojos, no se aparta de ellos. Ya no son más que unos pocos metros los que nos separan. Aprecio un magnifi¬co ejemplar, orgullo de su raza. A los dos o tres metros, me detengo, ¡no se lo que hacer! El sigue clavando su mirada en la mía, como si qui¬siera observarme por dentro.
Oh! si !! Eso es lo que siento, me esta estudiando, recor¬riendo por dentro, lo siento en mi pecho, en mi cerebro, dentro de mí, rara sensación, pero no me molesta. Me dejo inspeccionar, no sé cuanto dura esto. No impor¬ta. Cuando siento que su labor había finalizado, desapareció de la misma for¬ma en que apareció. Sensación rara, no me asom¬bro, lo tomo como algo nat¬ural que debería ocurrir. Necesito descansar. Me siento sobre la tierra, recostándome en un hermoso árbol. Observo el camino con sus flores, escucho los cantos de los pájaros. Elevo la vista y lo veo, o creo que lo veo. Allí está el ciervo, mi cier¬vo, junto a todo su rebaño, entre las nubes, de espaldas al sol.
Creo que me dormí. No sé, aún no me desperté.
.
Print work information
Work information
Title El ciervo y yo
Cerremos los ojos, no es fá¬cil, pero por favor traten de hacerlo, no es imposible. Cerremos los ojos y pensemos en el color verde. Sí, sólo pensemos en el color verde. Imaginemonos un mundo verde claro, suave. ¬Escucharemos seguramente una agradable música, no sabremos distinguirla, pero seguro que es abrazadora, llevadera. A lo lejos aparecen pájaros con sus trinares, comienza a soplar una suave brisa, viene desde el mar, ese mar azul que a lo lejos se confunde con el cielo, alto y lejano.
Camino por un sendero al¬fombrado de flores de varia¬dos colores; no veo el final, pues cada tanto hay pequeñas curvas y los árboles a sus costados impiden ver a donde llegaré.Y sigo caminando, no me canso. Me siento bien, real¬mente bien, sano feliz y contento. ¿Contento? ¿Y porqué? ...¿Y porqué no? De pronto me percato de que estoy solo.
Miro hacia atrás y no veo na¬da. Miro para adelante, suspiro profunda¬mente y sin pensar excla¬mo: ¡Que lindo! ¡Estoy bien ! Pero estoy solo..... Siempre creí que no es lin¬do estar solo. No es acon-sejable; da que pensar el no tener amigos, no tener compañía, el no tener con quien hablar, con quien compartir, a quien amar.
Sigo caminando y de pronto sin haberme dado cuenta, sin haberlo visto des¬de lejos, el camino se bifur¬ca. Miro para a un lado y se ve un camino igual al recorrido, apacible, suave, como si diría: - ven atravesame- Miro al otro lado y veo lo mismo, otro camino, casi sin ninguna diferencia, detengo mi marcha y espero. No se cuanto tiempo pasa, quizás me adormezco, tal vez no. No sé. Y como si algui¬en me llevase, como un niño de la mano, empiezo nuevamente a caminar, dirigién¬dome al camino de la iz¬quierda, no se me ocurre mirar hacia atrás. Al poco tiempo, cuando lo hago, sin darme cuenta, pues sigo con la vista una bandada de pájaros, ya no me es posible distinguir el cruce y por supuesto el otro camino.
Pasan las horas, quizas días. Sigo caminando. No comí y no tengo hambre. No to¬me y tampoco estoy sediento. No estoy cansado, no ob¬stante no haber dormido. No siento nada, pero me siento bien. No sé donde estoy, pero me siento yo. Estoy tranquilo, no quiero nada, no necesito nada.
A lo lejos, un ciervo, bien entrado en años, a juzgar por sus enormes cuernos de marrón oscuro, casi negros, me mira sin moverse. A medida que me acerco, su mirada, directa a mis ojos, no se aparta de ellos. Ya no son más que unos pocos metros los que nos separan. Aprecio un magnifi¬co ejemplar, orgullo de su raza. A los dos o tres metros, me detengo, ¡no se lo que hacer! El sigue clavando su mirada en la mía, como si qui¬siera observarme por dentro.
Oh! si !! Eso es lo que siento, me esta estudiando, recor¬riendo por dentro, lo siento en mi pecho, en mi cerebro, dentro de mí, rara sensación, pero no me molesta. Me dejo inspeccionar, no sé cuanto dura esto. No impor¬ta. Cuando siento que su labor había finalizado, desapareció de la misma for¬ma en que apareció. Sensación rara, no me asom¬bro, lo tomo como algo nat¬ural que debería ocurrir. Necesito descansar. Me siento sobre la tierra, recostándome en un hermoso árbol. Observo el camino con sus flores, escucho los cantos de los pájaros. Elevo la vista y lo veo, o creo que lo veo. Allí está el ciervo, mi cier¬vo, junto a todo su rebaño, entre las nubes, de espaldas al sol.
Creo que me dormí. No sé, aún no me desperté.
.
Work type Narrative, Essay
Tags pensamientos
-------------------------
Registry info in Safe Creative
Identifier 1005166306439
Entry date May 16, 2010, 9:25 PM UTC
License All rights reserved
-------------------------
Copyright registered declarations
Author. Holder abunayelma. Date May 16, 2010.
Information available at https://www.safecreative.org/work/1005166306439-el-ciervo-y-yo