A lo largo de esta obra Antonio Ruiz de Alarcón analiza cuestiones existenciales como la conciencia, la amistad o la soledad, entre otras, pero también desciende a la arena sociopolítica para poner el foco en temas como el progreso, la globalización, el victimismo, la posverdad, los excesos de la tecnología y el auge de todo tipo de propuestas transhumanistas.
Hoy más que nunca el individuo debe ser crítico para poder enfrentarse a los falsos relatos. Solo si uno abandona posiciones fuertemente ideologizadas y empieza a pensar por sí mismo, será capaz de abrir caminos de autonomía intelectual y de conquistar una libertad que la mayoría de las veces solo existe como declaración de principios. Pero no basta con eso. En un mundo cuyo leitmotiv es huir de los problemas es necesario también interiorizar la responsabilidad como el gran valor ético, que no solo se sustancia en las grandes decisiones vitales, sino también en los asuntos más nimios que nos toca afrontar a diario.
El hecho de explorar diferentes aspectos de una realidad que es en esencia caleidoscópica le confiere a la obra a la obra un carácter divulgativo y versátil, que huye de lo monográfico sin que ello le reste rigor en el análisis y el desarrollo conceptual. Es esta versatilidad lo que la hace perfecta para estimular el interés de lectores de diferentes gustos y sensibilidades, así como para atraer a los más remisos al mundo del ensayo.
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