La canción narra una travesía emocional por el desierto interior: deseo, ausencia, sed de piel y de espíritu, amor que es refugio y espejismo a la vez.
Musicalmente fusiona música de raíz árabe y norteafricana con elementos electrónicos ambientales y experimentales.
Conviven instrumentos tradicionales como oud, guembri, darbuka y cello drones con sintetizadores, glitch y paisajes de viento desértico.
El resultado es un sonido de “futuro ancestral”: místico, nómada, sensual y melancólico, con voz semi-hablada y ecos rituales.
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