En una isla boreal, el señor Bergman habita dos planos inseparables: el mundo tangible —paseos, manías, pérdidas y venganzas— y Andra världen, el territorio secreto donde memoria, deseo y pesadilla toman cuerpo. Lo cotidiano se contamina de lo insólito: los baños en el mar se vuelven rituales, los discursos políticos rozan la farsa, los funerales devienen espectáculos vikingos y los encuentros íntimos se transforman en visiones delirantes.
Entre la ironía, el humor paródico y las resonancias de las sagas nórdicas, el señor Bergman atraviesa la soledad, la fragilidad del cuerpo y la obsesión por el arte como espejo deformante de la identidad. Pero sobre todo, su vida queda marcada por un motivo definitivo: el desdoblamiento. Ingmar Bergman, su doble inevitable y persecutorio, lo condena a que cada gesto cotidiano sea un grotesco ensayo de suplantación, mientras los personajes del cine irrumpen como alucinaciones que borran la frontera entre memoria y ficción.
La novela erige así un mito íntimo contemporáneo: lo cómico se funde con lo sagrado y lo trágico; lo íntimo se vuelve cósmico; lo absurdo, melancólico; lo grotesco, trágicamente humano.
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