La inspiración para realizar este cartel nace del mágico
atardecer que cae sobre la Alhambra, un instante en el que la luz se vuelve dorada y los
muros se vuelven lentamente rojizos. Ese momento tan icónico de Granada ha sido crucial
para idear la paleta cromática del diseño. Además, se han incorporado guiños visuales,
como el arco apuntado o el pendiente que reproduce patrones típicos de los mosaicos
nazaríes. Son detalles que refuerzan la unión entre la tradición flamenca y el patrimonio
granadino. Resumiendo, el cartel no solo representa una escena estética, también funciona
como un diálogo entre grandes símbolos de la ciudad.
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