Ser o no ser, esa es la cuestión , —se pregunta cada amanecer cuando, a duras penas, logra poner los pies en el suelo. Ha pasado una mala noche y se levanta a regañadientes. Entre aspavientos y engolando la voz, repite su letanía habitual: ¡Cuán gritan esos malditos!Así no hay quién duerma, pero ¡si te pasas es peor! Soy tan sensible como los demás. Si nos pincháis, ¿no sangramos? y encamina sus pasos hacia el comedor. El desayuno le espera. Mientras pasa las horas sentado en el sillón orejero d
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