Si tomamos el Aburrimiento Conspicuo como una declaración de principios podemos empoderar a todos los adolescentes que practican este fenómeno performativo como un acto silencioso en medio de la interacción social. Convertimos el Aburrimiento Conspicuo en un acto de disidencia sin violencia que impulsa la conciencia de identidad y la práctica de la libertad aún a riesgo de enfrentamientos posteriores con los sujetos que intervienen en esa relación de reciprocidad interaccional. Una Fenomenología de la Resistencia Pasiva. El grito silencioso de su toma de conciencia de ser diferente, único y con voz propia que no quiere subyugarse al statu quo de las instituciones heredadas. El aburrimiento conspicuo es la primera fase de la auto-conciencia de autonomía ontológica antes de llegar a ser un ser con capacidad crítica y reflexiva o por el camino de darse cuenta de ello. Es la primera fase de la toma de conciencia del ser auténtico, pero aun no sabe cómo expresarlo.
Basándome en las obras de Judith Butler, El Género en Disputa; Sandi Mann, El Arte de Saber Aburrirse; Thorstein Veblen, La Teoría de la Clase Ociosa (Butler, 2018; Mann, 2017; Veblen, 2002) obtuve la conclusión de que puede existir una forma de aburrimiento que empodere nuestra identidad en tránsito en situaciones en las que tenemos que expresar nuestro punto de vista sin darle forma a través de las palabras. El marco teórico a partir del cual he trabajado este concepto de Aburrimiento Conspicuo se vertebra en la triangulación del no-hacer para dar autonomía ontológica al sujeto.
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