El verano de 2068 estaba siendo especialmente complicado. Desde que el gobierno central promulgó la Ley de Memoria Central en 2022, todas las personas estaban conectadas mediante microchips implantados al nacer. A través de ellos, el Estado asignaba la ocupación de cada individuo y determinaba su estilo de vida.
Durante décadas, las fuerzas de seguridad del Estado habían desplegado numerosos operativos para erradicar los núcleos terroristas que surgieron en distintas provincias españolas para derrocar al gobierno que había ganado las elecciones democráticamente.
Alexandra Manteca, designada por decreto como policía el mismo día de su nacimiento, era una de las mejores inspectoras de la Zona Norte. Impulsora de múltiples iniciativas antiterroristas, su mundo comenzó a resquebrajarse cuando uno de los terrorista logró desconectar durante varios minutos la Inteligencia Central ubicada en Santander.
A partir de entonces, las pesadillas, los recuerdos y la culpa por las operaciones que había liderado la obligaron a replantearse todo. Para su sorpresa, nadie en la comisaría parecía darle importancia al incidente y, poco a poco, algunos de sus propios compañeros comenzaron a sospechar de ella.
Creative Commons Attribution 4.0