Lo que sucede a continuación simula un carrusel de leves discordancias con la vida, pero resulta a la vez una realidad maravillosa. Martín y Martínez, pues ya no hay desajuste en la dualidad, establecen simbólicamente un punto de partida. Deciden alejarse del surrealismo clásico, ampliar las dimensiones del espacio e implantar en él una realidad disminuida, una fantasía automática. Planean un abordaje suave a la ilógica esencia de las cosas.
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