Payé (tercera parte)
Sus manos temblorosas tocaron la herida y sus dedos se mancharon de un líquido viscoso, sentía sus intestinos resbalar por su piel como una babosa se arrastra en el suelo húmedo después de un día de lluvia. El hombre de la voz ronca dobló en una esquina y desapareció tiempo atrás, tal vez horas atrás y él sin lograr levantarse, algunos curiosos pasaron por esa desolada calle pero confundiéndolo con algún borracho o mendigo lo ignoraron.
Paralizado en su propio dolor no esc
All rights reserved