No era un fantasma quien surgió entre la niebla, no… exactamente. Primero sentí ese terror invisible en estado puro, que no tiene un origen concreto, pero que atraviesa tu alma como una daga. Después lo vi. El cadáver, recién emergido de la cripta, atravesó las ruinas de la ermita. Acto seguido, la figura balanceante y extrañamente familiar dudó hasta divisarme a lo lejos. Aquello me introdujo de forma automática en escena. Comprobé con pavor que, desafiante, se dirigió resoluta hacia mí con esa
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