Eres un campo que imana
frustraciones y alegrías.
¿Acaso es tu vida vana?
Yo te pido que sonrías;
que mires alrededor
y que observes a la gente
que se recrea en favor
de la vida, fácilmente.
Rememora tu existencia.
Mírate como tú eres.
Apréciate con paciencia.
Y yo pregunto... ¿me quieres?
La respuesta es no rotundo
por lo que sabemos ya.
Quisiera gritar al mundo
si algún día me amarás.
Aunque somos casi niños
sabemos lo que queremos.
Yo te quiero a ti, cariño,
aunque tú me sientas menos.
No quiero llamarte Fina
porque nunca me ha gustado.
Quizá seas mi heroína,
la que siempre he anhelado.
Yo te quiero llamar Jóse,
quizás para ser dos tales
en que la igualdad repose
sobre mundos celestiales.
Acaso esté alterado;
quizá mi imaginación
olvide que estoy casado
como tú, pequeña flor.
Mi matrimonio es tan frágil
que todo puede romperlo.
Todo parece tan fácil
de quebrarse, de perderlo.
Quizá me esté alargando
en contarte cosas mías,
pero no puedo evitarlo:
Yo te quiero... sólo mía.
Tienes ancho el corazón
y por eso me has gustado.
Quizá no tenga razón
al desearte a mi lado,
pero evitarlo no puedo
y tú no sabes por qué.
Por favor, Jóse, te ruego
que rompas este papel
si acaso te he ofendido,
si acaso te he enojado,
pero, no obstante, te pido
que creas a este pobre enamorado.
José Ramón Félix de la Rosa
1983
©
Todos los derechos reservados
Dedicado a Fina, una auxiliar de enfermería...
All rights reserved