Reconozco que los lazos humanos son lo más sagrado que existe. Es por ello que me comprometo a cuidar todas las relaciones valiosas que hay en mi vida. Además, doy la bienvenida a todos los seres de buen corazón, que anhelan un mundo justo, en armonía con la naturaleza y lleno de amor.
Todo aquel que necesite calor humano, lo recibirá. Aquí pagamos con la moneda de Dios: sonrisas, besos y abrazos. Y es de justicia pagar a todos por igual.
Estamos cultivando una red de amor arborescente, que regamos cada día con buenos pensamientos, buenas palabras y buenas acciones. Igualmente, la fertilizamos con risas, conversaciones sinceras, proyectos compartidos y alimentos que sanan cuerpo y espíritu.
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