Un amigo le muestra a Marta unas imágenes de la cámara de seguridad de su trabajo donde se ve cómo, noche tras noche, los espíritus salen por la puerta del cementerio, para luego volver al amanecer.
No duda un instante para colarse en el cementerio para presenciar por sí misma semejante espectáculo.
Allí conoce a Braulio, un elegante y educado caballero del siglo XIX.
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