Hay amores que duran para siempre, pero no significa que esas personas estén juntas por lo que les resta de vida. El amor perdura para toda la vida, es un sentimiento tan fuerte que nada puede hacer que dos corazones nacidos en una conexión como aquella se olviden, o siquiera llegar a odiarse, un corazón enamorado jamás, jamás va a odiar a su amor.
Como dos chicos, amigos de toda la vida; sus madres, mejores amigas desde la secundaria, inseparables hacían todo juntas. Un día una de ellas le dijo a su amiga que estaba embarazada por segunda vez, parecía coincidencia, que realmente casi todo les salía igual, Liliane, amiga de Karla, igualmente estaba embarazada, a diferencia que ella sería madre primeriza.
Ninguna de las amigas sabía el sexo de su bebé, pero sin que eso les importara comenzaron a planear el futuro de sus hijos: si los dos resultaban ser niños serían mejores amigos, y lo mismo si fueran niñas y en el mejor de los casos (para ellas claro) que fueran niña y niño porque en un futuro los convertirían en novios y a su paso, esposos.
Lo que ellas no sabían era que provocaron la creación de una granada, que con el tiempo se convirtió en una bomba atómica, que quedó fuera de control de estos dos adolescentes y de todos los que interferian, ¿Absurdo? Claro que lo era, parecían madres del siglo XIV, pero se comportan como dos niñas jugando a las muñecas ¡Pero por dios, son sus hijos... están jugando con el futuro de sus propios hijos!
Cuando nacieron Daniel, hijo de Karla y Evelyn, hija de Lily. Su destino estaba predicho, no había escapatoria alguna.
Ellas provocaron una guerra sin fin, una guerra protagonizada por sus hijos...
“Entonces, destruyeme... ¡Vamos, maldita sea, vamos... destruyeme! que al fin siempre he sido tuya ¿No es cierto? ¡Quiero ver como me hundes, como pones fin a esta mierda que jamás debió iniciar!”
Con estas palabras comenzó con lo que sería el principio de su guerra, de su fin.
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