- El trabajo de una Top Idol nunca acaba… - Susurró una joven de cabello violáceo largo hasta su cintura y ojos verdes mientras entraba a una enorme mansión.
- Bienvenida, Sam. – Fue recibida por su gemelo, el cual se encontraba sentado tomando una taza de té. El joven era idéntico a su hermana, incluso en el teñido cabello. Ambos eran exactamente iguales incluso en ese detalle. -¿Cómo te fue hoy? –Preguntó curioso, dejando la taza de té a un lado.
- Me ha ido bien, ¡incluso me han contratado para ser la protagonista de una serie de TV! –Dijo emocionada la chica. Dando un pequeño salto de felicidad, provocando una ligera risa por parte de su hermano.
- Me alegro, Sam. – Suspiró, sin quitar aquella siniestra sonrisa que ya lo caracterizaba.
La joven caminó hacia su hermano y se sentó a su lado, dejando a un lado su bolso y recostando la cabeza por el hombro del mayor. Sí, él era mayor que ella por tan sólo cinco minutos.
- Samantha, debes arreglarte para ir al instituto con nosotros, ahora. –Dijo de repente un joven con lentes y ojos de color marrón oscuro. Su cabello negro como la noche caía dulcemente por su nuca hasta detenerse en el cuello de su camisa.
-Ah, Edgar… -Sonrió la quinceañera. –Ahora mismo iré. –Respondió calmada, poniéndose de pie y caminando hacia las escaleras, comenzando a subir.
Al llegar al cuarto, entró directo al baño del dormitorio, quitándose lentamente la ropa mientras sonreía risueña. – Ya fue, quiero disfrutar de mi baño… - Susurró tranquila, abriendo el grifo de la bañera, viendo como rápidamente el cuarto de baño se llenaba de tibio vapor. Se quitó finalmente la ropa interior y la falda. Entró en la bañera y se mojó el rostro, empapando su cabello también, el cual no entraba totalmente en la bañera debido a lo largo que era. Samantha cerró los ojos y cayó en un profundo sueño, sin darse cuenta.
- Mhm… estás bastante buena, hermanita. – Dijo un joven castaño casi pelirrojo, de ojos verdes iguales a los de su hermana menor. – Ya no eres una niña, eh… -Murmuró el chico, acercándose a la pelimorada lentamente.
La chica abrió los ojos bruscamente y observó al joven con un gran sonrojo en el rostro. - ¡Luke! ¿¡Qué haces aquí, pervertido!? -Chilló la menor, cubriendo su cuerpo y adentrándose lo más posible en la bañera para no ser vista.
- Edgar me mandó a llamarte pero nunca pensé encontrarte en esta situación tan… tentadora. –Dijo con una sonrisa lasciva, relamiendo sus labios.
- ¡Iré en cuando esté lista, ahora vete! ¡Pervertido! – Gritó nuevamente, sin dejar de cubrirse y con su sonrojo al máximo.
- Bien pero asegúrate de no tardar mucho, hermanita. –Y tras decir eso, él desapareció del cuarto como el vampiro de sangre pura que era.
- ¿Por qué debo soportar esto…? – Se preguntó a sí misma y luego salió de la bañera para así secarse con la toalla y comenzar a vestirse, haciéndose sus usuales dos coletas. El cuarto de baño lo arreglarían los empleados de la mansión o como ellos acostumbraban llamarlos, sus ‘’peones’’.
Se vistió con su uniforme escolar y bajó rápidamente a la sala, allí fue recibida por sus siete hermanos, todos parecían felices de verla excepto Edgar, que seguro la regañaría por llegar tan tarde.
- ¿Por qué tardaste tanto? Ni siquiera te ha dado tiempo a comer con nosotros. –Frunció el ceño el segundo hermano mayor.
- Lo siento, no fue mi intención retrasarlos a todos. –Se disculpó Samantha, bajando la mirada y poniendo un rostro inocente, tan dulce que su hermano no pudo soportarlo y simplemente desvió la mirada. Al notar esto, la chica sonrió traviesa y caminó hacia la puerta de la mansión.
- ¡Vamos al colegio! – Exclamó con una dulce risa, provocando una pequeña y muy ligera sonrisa en todos sus hermanos. Samantha poseía una dulzura y ternura increíble, sin mencionar su inocencia. Proteger a su querida hermana era lo que daba sentido a las vidas de sus hermanos, quienes ya no podían negar adorar a su hermana menor.
Y también había algo que ella no podía negar y era el hecho de estar enamorada de los siete.
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