Poco a poco salgo de mi refugio, bajo la cama, dirigiéndome hacía la sala donde el ruido, de voces discutiendo, es cada vez mas fuerte. Mis pies parecen de plomo, el pecho me duele por la velocidad del corazón latiendo desenfrenado y trago grueso sin saber por qué, el miedo ligado al suspenso y la expectativa hacen de mis nervios un cristal fácil de romper. Entro a la cocina en busca de algún objeto por sí debía defenderme, no lograría mucho con las manos.
Seguí cautelosa intentando, en lo posi
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