Se pasaba la vida escribiendo, sólo por eso se llamaba a sí mismo escritor. Nunca había conseguido ganar ningún concurso literario ni publicar nada. Anhelando ser leído, regalaba por las calles sus relatos que acababan pisoteados por el suelo o arrugados en cualquier papelera, ignorados siempre. Cada noche, su mujer lo echaba de menos en el dormitorio común mientras él, incansable, llenaba páginas con historias y personajes que depositaba, ya de madrugada, junto a la cabecera del otro lado
All rights reserved