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2405057886405
Volver a soñarse
05/05/2024
Antonio Guerra Alvarez
Volvieron el caos y la duda como único camino. Volvió el conocimiento como única arma. Volvieron los sueños como la mejor rosa de los vientos. Volvieron la osadía y el recuerdo como balizas que marcaron los caminos de ida y vuelta. Volvió la luz tenue que cada mañana hacía brillar el maná con el que alimentaba su alma nómada, el resplandor que hacía latir su corazón con la pasión de quien se sabe cerca de la verdad profetizada. Pensó que tal vez hubiera llegado el final de su expatriación, la conclusión de su destierro, el cumplimiento de la penitencia impuesta por haberse abandonado, en alguna ocasión, a lo imposible, a lo absurdo, a las rutas sin salida posible. Libre, prometió soñarse una vez más.
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2405057877366
Mermaid Force
05/05/2024
RAWhide
A mermaid shows her force as energy flows from her hands.
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2405037857739
Tiago, el portugués
05/03/2024
Antonio Guerra Alvarez
Entre suspiros, cantaba aquella canción que había nacido del vino y el calor de una noche gestada en lo más hondo de su alma que, cansada de pisar tierra firme, había decidido levantar el vuelo e ir a protegerse entre los latidos de su corazón hambriento. Una noche en la que los besos iluminaban súbitamente la oscuridad de un horizonte abortado por las despedidas con la luz nítida de las promesas de un futuro en compañía y la incandescencia de un presente teñido por el deseo. Una noche en la que entre el sonido de las olas al romper hizo que sus bocas se encontraran. Fue entonces cuando se entregaron uno a otro sin pensar en el desamparo que inevitablemente habría de llegar. Súbitamente, un chasquido del alma le advirtió de que ese amor de puerto se marcharía para no volver, que solo quedaría ausencia, que no albergaría más sentimiento que el de soledad, que no sentiría mayor vacío que el que le provocaba el inmenso desierto doliente que sin duda atravesaría. Se sentó y clavó los ojos en el muelle con la esperanza de volver a verla. Era entonces cuando canturreaba, en voz baja, fados que hablaban de despedidas. “Tiago el portugués” (Con el permiso de Carlos Cano)
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2404307830182
Revolución de los Claveles
04/30/2024
Antonio Guerra Alvarez
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2404307830175
Don Quijote
04/30/2024
Antonio Guerra Alvarez
Domesticó la vida a fuerza libros de aventuras que hablaban de lugares lejanos, con historias que contaban sueños de otras vidas y pensó que podría, al fin, llegar vivirlas en primera persona. Buscó un compañero de viaje con el que emprender juntos un camino que habría de llevarlos hasta el lado no evidente del universo que habitaban, a lugares que defendían gigantes de brazos colosales y odres llenos de vino. Un sitio en el que la percepción era la realidad y la realidad la verdad sin dobleces. El lugar en el que la única certeza posible era el error sin ambages, en el que el silencio no era casi nunca mutismo y soñar era la única manera de decir. El paso del tiempo hizo que crearan un lugar común, en el que sin proponérselo, de una manera natural, casi imperceptible, sus sueños fueron coincidiendo lentamente hasta fundirse.
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2404307830120
Patios 01
04/30/2024
Antonio Guerra Alvarez
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2404227723571
Ni ver, ni oir, ni callar
04/22/2024
Antonio Guerra Alvarez
Había decidido dejar de escuchar, dejar de ver y no hablar con nada ni nadie que no fuese él mismo. Creyó que esa sería su mejor protección, que eso paliaría sus errores al elegir los caminos acertados en las encrucijadas que habrían de llegar. Aislarse le hizo sentirse en posesión de la verdad, tener la certeza de que no existían más rimas que las cacofonías de su alma espinada y ausente de emoción e hizo de sus errores un dogma para quienes habían confiado en él. Negar su propia realidad fue la única defensa que encontró para oponerse a las llamadas de su conciencia, la única manera de racionalizar su egoísmo que lentamente se había enredado en su vida hasta asfixiar su dolor de corazón. La luz de la mañana le hizo saber de su error y fue entonces cuando comenzó a desandar el camino.
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2404227723564
Guerrera
04/22/2024
Antonio Guerra Alvarez
Nunca desistió de nadar a contracorriente, ni jamás sintió la necesidad de hacerlo. Siempre se negó su derecho a dejarse arrastrar por la corriente de lo impuesto y se opuso frontalmente a ello. A veces, en algún remanso, se detenía a descansar asida a los juncos de la ribera. Lo hacía solo por el placer de sentir como la corriente seguía inexorable su discurrir abstraída de su presencia. Le emocionaba aquel espectáculo. Respiraba y continuaba. Estaba convencida que las verdades siempre las encontraría rio arriba, allí donde comienzan los deshielos a pesar de que reinase el más crudo invierno. Allí, en el límite donde el sol, en esos días en los que caprichosamente se hacía dueño de los cielos que la cubrían, calentaba la tierra que algunos otros necesitaban pisar para seguir viviendo. Fue en ese lugar donde descubrió que las almas debían ser honestas con quienes las poseían y quiso que la suya fuese idéntica a ella. Por eso se prometió no traicionarla jamás.
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2404227723502
Caperucita roja
04/22/2024
Antonio Guerra Alvarez
Sabía que eran sus presentes los que configuraban, lentamente, poco a poco, de manera casi imperceptible, su propia identidad. Una identidad a la que, a veces, abrazaba sin objeciones mientras que otras abjuraba de ella con la vehemencia y el dolor de quien se siente traicionado por si mismo. Tenía la certeza de que era quien sentía que era, lo que imaginaba sobre si mismo, tal vez lo que siempre había deseado ser, lo que quería llegar a ser, lo que podría ser. A veces, sintió lacerante e insoportablemente el deseo de cambiar quien era, quien había sido, tal vez lo que sentía o había sentido. Por eso, en cada instante, su único viaje era el que le permitía construir nuevos presentes en los que ser posible, en los que habitar libremente. Siempre tuvo miedo a que esa necesidad de mostrar su identidad mutase en una maldición que le impidiese vivir en plenitud. Esa fue la razón por la que decidió ser quien era en cada momento. .
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2404227723472
Parir libertades.
04/22/2024
Antonio Guerra Alvarez
Nunca esperó la luz con mayor impaciencia que aquella noche interminable en la que fue obligado a soñar sin más protección que su propia historia, sin más amparo que su propia memoria, sin más defensa que su propio olvido. Nunca fue más libre que ese amanecer en soledad, abstraído de cánones, liberado de los diezmos y las primicias que habría de tributar su alma en cada primavera, en absoluta libertad, en la mayor de las soledades. Aunque no sabía cuánto, creyó que había pasado más tiempo del que era capaz de recordar, más vidas de las que su memoria era capaz de vivir en un solo instante del presente consumido, más sueños de los que jamás creyó imposibles. Solo recordaba que aquella madrugada hizo frío, mucho frío. Un frío como nunca había sentido, una soledad como la que jamás le había envuelto, un vacío que tenía la certeza de no poder llenar nunca. Sin embargo recordaba con claridad el sentimiento de libertad que le envolvía en aquel nuevo presente, la intensidad de lo que nunca había sentido a pesar de haber vivido mil veces cada instante y, una vez más, quiso prometerse un mañana. Esa fue la razón por la que se sentó sabiendo que nada material llegaría hasta él. A pesar de ello dejó que la vida transcurriera.
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2404227723458
Soledades
04/22/2024
Antonio Guerra Alvarez
Sintió el frío de la almas que son malqueridas a pesar de las declaraciones de amor eterno, padeció la violencia de las tormentas de soledad en la que naufragan los corazones que navegan acompañados de sus afectos y sintió mil veces el azote del viento arremolinado de algún otoño que nunca fue primavera. Tuvo la certeza entonces de que era un alma vieja y se detuvo en medio de la nada con la tranquilidad de quien sabe que completado el viaje de cada una de sus vidas, a pesar de no tener memoria de ellos. Creyó que era el momento de materializar su legado y buscar a a quienes pudiesen hacerlo suyo.
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2404227723397
Inocencia guardada
04/22/2024
Antonio Guerra Alvarez
A veces, al coger el lápiz con el que escribía, sentía que le habitaban el alma historias que se resistían a ser escritas. Relatos claustrofóbicos e íntimos que buscaban salir al exterior sin dejar huella en el camino, sin dar opción a que la memoria o el recuerdo de otros construyeran en el futuro una realidad distinta a la que fue vivida por ella. Escribir se convertía casi siempre para ella en un acto necesario y doliente con el que alimentar y mantener su universo. Una herramienta sobre la que sobrevivir a su propia vida. Había aprendido que la percepción, a pesar de que siempre era la realidad, rara vez era la verdad. Esa era la razón por la que apasionaba contemplar como todo florecía en el exterior.
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2404227723335
Memoria de los actos iniciáticos
04/22/2024
Antonio Guerra Alvarez
Creyó que podía comprar las vidas de otros a pesar de que nunca pudo hacerlo. Creyó que podía imponer su amor asimétrico a pesar de que nunca fue amor. Creyó que podía encontrar futuro en el pasado a pesar de que fue advertido de que solo el presente era posible. Entonces comprendió que su certeza sólo era producto del hambre insaciable de poseer sueños ajenos, fruto de la necesidad imperiosa de sobrevivir a un mundo vaciado de emoción a fuerza de verdades absolutas, egocéntricas y deshabitadas, consecuencia de la tiranía de las vigilias sobrevenidas a destiempo. Pensó que tal vez estuviera aún a tiempo de vivir su propia vida, de soñar sus propios sueños y de abrazar sus propias verdades. Se detuvo y buscó un recuerdo al que poder regresar para iniciar un nuevo viaje.
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2404227723243
El peso del corazón
04/22/2024
Antonio Guerra Alvarez
Como cada noche de cada veintiuno de marzo, el invierno se sentaba bajo el árbol de la entrada de su casa a lamerse las heridas que aún permanecían abiertas después de las batallas libradas por sus almas ateridas por el frío. Intentaba que cicatrizaran rápidamente para, de esa manera, poder fundirse sin límites en el único abrazo posible, el de la primavera, el de la esperanza, el de las promesas vehementes, el de los sueños que amenazaban con hacerse realidad, el de las quimeras que habrían de llegar a endulzar el caos de sus horas. Sabía que la vida en primavera era siempre verdad, que siempre se abría paso a través de las heridas sanadas, de los sueños acabados y de las existencias agotadas. Era la eclosión de lo imposible. Esa era la razón por la que nunca quiso que le sorprendiera la mañana sin que todas sus marcas del pasado fuesen una huella en su piel, un recuerdo en su alma, una metáfora del tiempo vivido, la prueba de la existencia de un futuro que sin llegar era capaz de florecer en cada uno de los instantes de su presente. Sentía la emoción de lo desconocido, de lo que habría de llegar.
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2403187360307
2024-03-18
03/18/2024
Antonio Guerra Alvarez
Nunca tuvo miedo a cogerse de la mano que le prometió el viaje y a pesar de ello jamás dejó de mirar atrás, ni dejó de tener presente el lugar de donde venía. Su universo eran los afectos que habían quedado prendidos de los retrasos que acumulaba su viejo reloj. Esa fue la razón por la que vivió cada uno de sus sueños con la vehemencia de un niño, con el desasosiego de quien teme perder sus referencias, con el temor de quien siente el riesgo de abandonar su propia identidad a pesar de su deseo de querer emanciparse de ella, con la pasión de quien se abandona al azar de las horas, con el desasosiego de quien se siente de nuevo de camino al vacío caótico de donde provenía. Toda su vida sobrevivió anidada entre un sueño recurrente y su antagónico. En el primero la habitaba la capacidad de crear y en el segundo perdía la posibilidad de hacerlo. Uno y otro siempre le aterraban. Esa era la razón por la que siempre se resistió a cerrar los ojos en la oscuridad y siempre esperó las primeras luces de la mañana para poder perder la conciencia. Era la única manera que conocía de renovar los votos de la metamorfosis.
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2403187360291
2024-03-15
03/18/2024
Antonio Guerra Alvarez
Cuando iba llegando a su hoy pensó que tal vez el presente careciese de significado en si mismo. Que el ahora, tal vez tuviese el sabor, el color y el olor de las almas que lo alcanzasen. Que el camino seguido hasta aquí sólo hubiese sido una encrucijada eterna, una quimera siempre imposible que de ninguna manera hubiese alcanzar. Sintió entonces que carecía de historia, que no tenía porvenir y que su vida solamente había tenido sentido en cada instante vivido. Que su tiempo se había consumido de una manera intangible, sutil, casi espiritual. Comprendió entonces que, a pesar de la lentitud y lo penoso del camino que había recorrido hasta alcanzar ese instante, le resultaba imposible vivir un presente duradero. Que sin saberlo había sido siempre esclavo de lo efímero. Que jamás había podido verse en el futuro. Sintió había llegado su momento, que tal vez ahora, por un instante, fuese por primera vez quien siempre había querido ser. Se sintió aliviado y fue entonces, solo entonces, cuando volvieron a habitarle los sueños.
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2403187360284
2024-03-14
03/18/2024
Antonio Guerra Alvarez
Pensó que debía detenerse y lo hizo. Pensó que sería un buen momento para sentarse en aquella escalera por la que nadie subía, ni bajaba, hacía más de cuatro vidas. Pensó que debía darse tiempo y esperar que lo habitase algún sueño de los que siempre había vivido. Pensó que había llegado el momento de descoserle el dobladillo a las vidas que ya había vivido y que ahora se le antojaban diminutas y absurdas. Pensó que era hora de prescindir de los destinos ilegítimos que otros marcaron y detenerse a contar las baldosas amarillas del camino. Pensó que había llegado el momento de que el tiempo se detuviese allí mismo, en ese mismo instante, y quiso respirar con la fuerza con la que nunca lo había hecho. Pensó que debía empezar a vivir y lo hizo. A pesar del tiempo, dejó que la imaginación lo condujese sin peajes, sin tributos, en libertad.
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2403187360239
2024-03-08 8M
03/18/2024
Antonio Guerra Alvarez
Seguía caminando sin descanso, sin que el desánimo hiciera mella en su alma, con destino pero sin camino escogido. Caminaba porque era de aquellas quienes se sienten en la obligación de construir presentes acogedores. Presentes sobre los que descansar antes de seguir su camino hacia los futuros que acogerían nuevas vidas. Sintió la necesidad de gritar su destino, en voz alta, sin argumentarios, sin premisas impuestas, sin testimonios impostados. Sintió la necesidad de dar voz a su alma obligada al silencio durante más tiempo del que a veces pudo soportar. Por eso se propuso que cada año, el día de hoy y todos los días, alzaría la voz recordando a quienes emprendieron el viaje hacia la libertad, hacia la igualdad de hecho y no llegaron a su destino, recordando a quienes soñaron con crear un universo posible en el que las diferencias sólo fueran señas de identidad y no barreras. Siempre fue consciente de la herencia recibida, de su obligación por mantener un discurso de igualdad, sin violencias bastardas, sin temores imposibilitantes, sin argumentos ilegítimos. Era consciente de que debía seguir caminando sin límites, sin fronteras, en plenitud, en la búsqueda de compañeros de viaje. Así lo hizo.
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2403187360215
2024-03-06
03/18/2024
Antonio Guerra Alvarez
Aprendieron a vivir el otoño con la emoción inocente con la que los niños viven un primer día de escuela con zapatos nuevos. Aprendieron que las agujas del reloj tejían redes en las que, con frecuencia, la vida quedaba atrapada agotando el tiempo de la certidumbre. Aprendieron a evitar las huellas que dejaban los dedos furtivos en algunas de las pasadas primaveras yermas. Aprendieron a transformar los límites en umbrales de nuevos espacios por vivir. Aprendieron que la única regla era la ausencia de reglas y el único canon la ausencia de métricas insostenibles. Aprendieron que, a veces, implosionar era la mejor manera de absorber toda la energía circundante para después renacer sin condicionamientos, sin prejuicios, en algún no-lugar que oficiase de matriz en la que todo volvería a formarse. Aprendieron que eso, para ellos, podría ser el otoño. Eso para ellos era esperanza.
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2403187360086
2024-03-02
03/18/2024
Antonio Guerra Alvarez
Allí, de pie, con el alma abierta de par en par, se detuvo a mirar una vez más aquel espectáculo que tantas veces le había estremecido el corazón. En esa ocasión le pareció diferente, sintió que no eran las mismas emociones las que le envolvían ante aquella escena. Sintió como se habían apagado los brillos que los rizos de la superficie del mar devolvían con cada de uno de los suspiros que su corazón, ahora deshabitado, dejaba escapar. Pensó entonces que no tendría otra oportunidad de volver a respirar si no tenía la valentía de perder de vista el horizonte y sumergirse, perdiéndose entre los reflejos filtrados desde una realidad para otros evidente. Tenía la certeza de que al llegar al fondo de aquel mar, ahora marchito, encontraría la llave con la que abrir la puerta de su siguiente vida. Lo echaba tanto de menos…
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