Dicen, y es cierto, que los verdaderos amantes de la soledad nunca se sienten solos. Sin embargo, admito que me costó un considerable esfuerzo, acostumbrarme a sus virtudes y exigencias. Como todas las mujeres bellas, la soledad es caprichosa, y yo, pobre mortal, tarde en descubrirlo.
Quizás debería haber comenzado este texto arrepintiéndome de todo cuánto hice, pero ciertamente, aunque quisiera, no podría. Llevo tanto tiempo aquí, que
Creative Commons Attribution Non-commercial No Derivatives 3.0