Después de semanas de combates, por fin, Oleksiyivka estaba libre de
los invasores. Otro trocito de Ucrania que retornaba y encajaba como
una pieza del puzle en todo uno. Una pieza, un pueblo, donde antes
vivían en paz sus cinco mil habitantes. Otrora preciosos jardines y
parques ahora eran troncos quemados, saliendo de la destrozada tie
rra en garras negras y torcidas, señalando al cielo azul y libre, por
poco tiempo, de los drones.
Los soldados ucranianos con extrema precaución registraban
las ruinas de cientos de casas; de vez en cuando tropezaban con los
cadáveres de vacas, caballos… hinchados y a punto de reventar… Ni
siquiera las alimañas se atrevían a disfrutar de la comida fácil. A los
rusos les encantaba disparar a cualquier ser viviente solo por dive
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