No estuviste,
nadie te echó de menos.
¿Quién podría añorar tu veneno?
Sí, es verdad,
la primera vez yo abrí la puerta
y te dejé pasar sin sospechar
lo que a partir de ahí iba a pasar.
En un principio alegría,
vida e ilusión,
que inesperadamente se transforma
en un castigo,
una penitencia,
una cadena que dolorosamente aprieta.
Todo debía parar,
de algún modo terminar,
porque ninguna condena debe ser eterna.
Te invité a marcharte,
te reíste arrogante
y yo sin pensarlo actué,
ant
All rights reserved