A.F ruega a su hombre, suyo, que la consuma. Sin saberlo, este deseo altera su cuerpo y, de repente, se ve ante la inesperada experiencia de la maternidad. De ella, A.F, podría pensarse que es una suerte de animal monstruoso, un alterado estado de la conciencia, un agitado goteo de imágenes, sonidos y sentimientos; agolpados en el iracundo mar salino. En realidad, de ella, sabemos que es el límite entre lo real y lo místico; un árbol que en las embravecidas llamas arde, cenizas que conjugan el aire con un nuevo tiempo. Con todo, A.F, impulsada por el eco de múltiples sucesos, descubre que ser mujer es sólo el principio de algo más extenso, infinito y absurdo.... Un ropaje estrecho que viste a la natura, pero que se enlaza con algo más infinito y pasajero.
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