En esta primera parte de la trilogía de "Salvador", conocemos al protagonista cuando con dieciocho años, deja su ciudad natal para trabajar en un hotel de Inglaterra.
El joven Salva vive obsesionado por un marcado y retorcido código ético basado en su pasión por la filosofía y la ideología anarquista. Lo que al principio puede parecer pura fanfarronería adolescente, se convierte en un peligroso modo de vida que configura con una concepción casi mesiánica de sí mismo.
Apartado de todos sus familiares y conocidos, aprovecha su estancia en un pequeño pueblo inglés para construirse una identidad paralela y hacer creer a todos a su alrededor que es un joven profundamente católico. Mientras tanto, aprovecha su coartada para desarrollar su plan de salvación para la humanidad y comienza a tomar acciones contra los “verdaderos pecadores”.
La mente de Salvador se debate constantemente entre las ideas más nobles, los instintos más bajos, el descubrimiento del amor y la amistad, y la falta de empatía con aquella humanidad a la que dice defender.
Escrito en primera persona, el relato hace amar y aborrecer al personaje a partes iguales. Meterse en la mente de Salvador es no saber si estamos hablando de un joven confundido, de un héroe, o simplemente, de un psicópata.
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