En mis sueños, todas las noches, me cuenta las historias de los eslabones que encadenan las dunas al desierto y me susurra su nombre de princesa en la lengua de los que moran en la oscuridad. Me convence para que lo esconda dentro de mí, pero, cada amanecer, lo olvido.
Al despertar, doy la vuelta al reloj de arena que la encierra. Sus ojos verdes y desafiantes brillan mientras los granos del tiempo resbalan para ejecutar, de nuevo, la sentencia que aún sigue prendida en uno de sus siete velos.
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