En realidad yo quería ser bailarina. Recuerdo cómo mi padre ponía el vinilo del Lago de los cisnes) y yo, enfundada en mi tutú, bailaba sin parar. Sin embargo, cuando me quisieron apuntar a danza, la escuela de mi pueblo cerró y la opción que me ofrecieron mis padres fue probar con la música. La verdad es que al principio me resistí. Esperé un año con la esperanza de que volvieran a abrir, pero no hubo suerte. Así que finalmente acepté apuntarme primero a la coral, después a solfeo y finalmente,
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