Se sentó frente al lago. La noche no era tan fresca como debiera, el tiempo hacía de nuevo gala de su libertad. Si, quizá el tiempo fuera lo único libre que existía. El tiempo y quizá Dios, o G.A.D.U. , o como queramos llamarlo, pero ni siquiera está claro que el que todo lo puede sea libre, ya que es el orden superior, y el orden, es orden al fin y al cabo.
Se tumbó. Una sensación agradable invadió todo su cuerpo. El efecto del tupido césped bajo su nuca, bajo sus brazos, de alguna manera era
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